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La primera vez que supe sobre feminismo

por Hermidia Delgado-Núñez*

La primera vez que supe lo que era el feminismo fue de modo inconsciente. Aquello era feminismo pero no tenía nombre. Mi madre nos gritó “Quiero irme a una isla desierta” . En ese momento no le dimos importancia. Era un modo de decirnos “No os soporto”, pero con el tiempo una descubrió su verdadero calibre. La isla desierta era el terreno de la mujer ella misma, sin marido, sin hijos, sin casa, sin exigencias sociales, religiosas y morales sobre su espalda. Tampoco ella lo sabía que estaba dando una avanzadilla al feminismo. Como no lo sabían todas nuestras abuelas y bisabuelas que clamaron por la isla desierta.
La segunda fue en un libro de historia en la escuela. Un grupo de mujeres de aspecto siniestro y caras amargadas vestidas al estilo victoriano sostenían unas pancartas pidiendo el sufragio universal. Como no sabía lo que era el sufragio universal, pensé que hacían eso porque eran feas y no habian encontrado marido.
La tercera fue en una revista donde aparecía un grupo de mujeres como fieras, feas y gritando con un sujetador atado de un palo. Me pareció el colmo del mal gusto y asocié feminismo con mal gusto.
La mujer, la verdadera mujer, debía ser femenina, dulce, delicada, y salvar hombres. Sobretodo salvar hombres malos era la función de la mujer. En esa empresa muchas perdieron la vida, pero era su camino, y el camino era más importante que la mujer.
Las chicas de Becquer callaban y mostraban sus pupilas azules. Yo quería ser becqueriana, bella y callada, no una de esas vestidas de grajas o con las tetas colgando sin el noble sostén.
Los hombres me elegirían si yo era así y una estaba en el mundo para ser elegida por los hombres, para formar una familia y salvar al hombre de sus pecados. Y para triunfar con casa, dinero y jardín.
¿Qué era eso del feminismo? ¿Qué necesidad había de ser feminista?.
Nunca pensé que yo les tenía miedo a los hombres, miedo a que pensaran que yo no era idónea. Nunca me detuve a pensar que mi vida se desarrollaba en función de ser querida por los hombres. Pero era difícil empresa. La mayoría nos juzgaban todo el tiempo. Querían acostarse con nosotras pero nos despreciaban si nos acostabamos con ellos.
¿Quiénes eran esos hombres que establecían quien era yo y quien no era? Esa pregunta simple trajo una revolución a mi vida. Y de por el agujero que abrió  esa crisis entraron los libros, contacté con el pensamiento feminista, leí y entendí.
Y entiendo a la chica que muestra su cartel contra el feminismo, porque yo era como ella cuando no me planteaba nada, cuando era solo y pensaba solo lo que los hombres querian que fuera y pensara; pero eso era imposible. NO es posible pensar lo que otros quieren que pienses, no si deseas ser un ser libre. Y en esto entran los hombres tambien. Su miedo terrible a ser débiles y expulsados de su paraíso de hombres fuerte. Tampoco los hombres son felices debiendo responder contínuamente a ritos de iniciación al poder y a la fuerza. El feminismo es bueno para todos. Solo perderá su nombre cuando no sea necesario.

 

*publicado en la página “Señoras que sufren por amor” de facebook

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Julia Ardón