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Carta de una madre a su hijo

De Nella a Salvatore, en el día de la despedida de su cuerpo físico.

Salvatore, tu nombre lo escogió tu padre para que fueras mi mantra a partir de hoy.

Me escogiste para ser tu vientre, tu vientre, tu vientre cofre. Me elegiste príncipe sabio para ser tu creadora, tus brazos y tus ojos, tu primera mentora, tu mamá… tu mamá de cuentos y ficción, tu mamá de sueños y locuras, tu mamá de letras y ficciones , tu mamá con olor a Albahaca, salvia. Pomodoro, agnolini, parmesano, canela y pan. Llenaste mis manos de besos, mi cuerpo de abrazos, mis hombros de fuerza, mi vientre de amor.

Mi mente junto a la tuya volaba inventando mundos imposibles, yo tratando de comprender tus ideas avanzadas y vos con ternura acariciando mis preguntas y desechando con ironía todas mis posiciones mágico científicas cero académicas. Pero así aprendimos a complementarnos, tu lógica aprendió de mi fantasía y fuimos muchas veces cómplices de inventos y soluciones, contestamos nuestras preguntas soñándolas juntos.

Almas gemelas, conexión absoluta, pasiones trenzadas, tantas películas de ciencia ficción solo para nosotros, tantas series, tantos libros, tantas leyendas, tanta política, tanta realidad, musicales, teatro, parques de diversiones… siempre fuimos orgullosamente los niños de la familia, tanto tanto tanto en común. Creímos en la madre de los dragones, en Harry Potter, en la inteligencia artificial de West world (nuestra última pasión), en los Entes del Señor de los Anillos nuestro bosque soñado.

Fuiste siempre agradecido, feliz, tranquilo, pacifico, ambicioso, disciplinado, extremadamente (y no me da pena decirlo), supremamente inteligente… brillante, evolucionado . Tu inteligencia fue sensible, con propósito, tenia luz, tenia motor. Tus propósitos siempre fueron nobles, tu nombre te marcó viniste a salvar, ambientalista desde los tres años, querías ser médico y lo serás para mi y para los tuyos desde ahora. Porque me vas a sanar y milagrosamente tu sabiduría en estado puro me va a curar, porque me estás sanando desde la hora cero, porque siento tu paz, tu alma, tus brazos y mirada ejerciendo todo su poder en mi para no derrumbarme y desfallecer, y para eso era tu energía y tu conocimiento, para salvarnos mi amor, y aquí estoy sintiendo tu poder sobrenatural, puedo sentir como sostienes desde ya. mi corazón entre tus manos, como un pajarito frágil , con tu amor lo soplas, lo acaricias y lo revives minuto a minuto.

A sus amiguitos aquí presentes les quiero decir gracias, ml gracias por quererlo, por aceptarlo, por regalarle momentos maravillosos, los amó siempre y los tendrá en su corazón y quedarán siempre en el nuestro. Gracias por hacerlo reír, bailar, actuar, cantar y contar. Gracias por escucharlo y comprenderlo.

A sus profesores y maestros en el cole gracias por todo, porque me lo guiaron, me lo conocieron, le dieron el regalo más importante y valioso para él: mucho conocimiento, comprensión, retos y complicidad.

A sus familiares queridos los abrazará desde las estrellas y les mandará siempre su luz.

A su hermana adorada la seguirá amando como su fuerza platónica y admirada, Fuiste su todo, con nadie fue más pleno y feliz.

A su papá idílico, admirado, lo sostendrá y lo llenará de amor, lo cuidará con la misma paciencia que cuidó su primera plantita de banano, te regara a diario, te dará tiempo y celebrará con gran gozo el día que vuelva a florecer en tu corazón ese racimo de amor, de paz y tranquilidad que volverá a reconectarte con la esencia que amó siempre de vos. Que La Paz, la sabiduría y el amor de tu hijo empieces a recibirla desde ya.

Por siempre vos y yo que nunca cortamos el cordón umbilical seguiremos conectados hasta el infinito y más allá, probándole a la ciencia que falta mucho por descubrir y que somos ejemplo de amor, y que la ciencia se debe nutrir de procesos sobrenaturales para ser Ciencia con Mayúscula.

Ya estás otra vez dentro de mi, te siento y te respiro, te vivo y te abrazo, los dos uno otra vez.

 

Costa Rica, 12 de julio de 2018

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Julia Ardón