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Yo: Cuadro Marxista-Leninista

He estudiado poco de modo formal, o quizá mucho, pero de forma intermitente y poco constante.

Lo que sé lo aprendí de mi papá, de mi mamá, de mis abuelas y abuelos. Aportaron mucho mis amistades, mis experiencias, muchas y cotidianas lecturas y últimamente algunas de mis amigas más queridas, que son francamente informadísimas, muy inteligentes y además generosas. También he tenido maestros personales, mis parejas, especialmente Víctor, que sabía mucho de muchas cosas, mi querido hijo Carlos Luis que es un autodidacta empedernido y otro maestro maravilloso. Tanto me han enseñado. Y bueno, sigo leyendo y estudiando todos los días. No se me pasa uno sin investigar o escudriñar sobre algo.

En Costa Rica estuve en vla UCR, en la UACA, en el CUNA y llevé montones de cursos de varias carreras, algunos los cursé regularmente, a muchos otros fui de oyente y ya perdí la cuenta de todos los seminarios, charlas y talleres de tantos temas a los que he asistido. Una verdadera ensalada variopinta pero siempre en el marco de las humanidades, las artes y las ciencias sociales. Súmenle cocina y cosas de espiritualidad y salud alternativa diversas.

De lo poco que estudié más seriamente, con constancia, sacando incluso buenas notas, aprobando los cursos, todo como se debe, en un instituto de educación superior, fue marxismo-leninismo.
Eso cursé durante un año en la Escuela Superior de Cuadros del Partido Comunista de Cuba entre 1981 y 1982. Me dieron título y todo: Cuadro Marxista-Leninista. Cuando trabajé en la Presidencia y se dio por algunos medios la discusión de que había funcionari@s sin título univesitario (incluida yo) llegué a bromear con algun@s de mis jefes con respecto a ese título. Les decía que si querían lo traía y lo pegaba en la oficina. Fue motivo de mucha broma.

Bueno, llendo atrás, tenía entonces yo 18-19 años cuando estuve en Cuba.
Estudié mucho, a Marx, a Engels, a Lenin y algunos otros autores (creo que todos hombres europeos, por cierto). De las materias lo contaré en otra ocasión.

¿Cómo fui a dar ahí, a esa escuela, siendo tan joven?
Resulta que yo era militante de una organización revolucionaria de izquierda ( el Movimiento Revolucionario del Pueblo, MRP, al que pertenecían mi papá y mi mamá y en su momento mis hermanos Manuel y Lucía también, y mi papá era su máximo dirigente) y el gobierno de Cuba le cedía este tipo de becas.

Al equipo de trabajo al que yo pertenecía, el de “Propaganda” ( siempre he estado en comunicación y publicidad) le asignaron una beca política. Había que designar a quién mandábamos. Se discutió y se consideró que yo era la persona idónea para tomarla. Primero se la dimos ( por sus méritos) a un compañero fotógrafo, pero él se excusó en tanto estaba casado y con dos niños pequeños y no quería dejarles, luego a otra compañera que tampoco quiso aceptarla porque tenía a su cargo a su madre anciana. Ningun@ de l@s dos estaba con posibilidades de irse del país por un año.

Entonces todos me volvieron a ver a mi, que todavía ni había cumplido 18 y me dijeron: entonces que vaya Julia. Y así fue y yo felíz.

La reunión fue en San José allá por la Escuela Juan Rafael Mora. Me fui caminando ilusionadísima hasta los buses para Alajuela y cuando llegué a la casa se lo conté a mis papás. A ellos no les hizo mucha gracia al principio. Estaban asombrados por la designación. Mi mamá especialmente nerviosa, pero al final accedieron a darme permiso y así me fui a los pocos días.
Ayudaba el hecho de que mi hermano Manuel también iba para allá a estudiar otra cosa, entonces estaríamos un poco cerca.

Al llegar allá me recibió un miembro del Partido Comunista de Cuba conocido de mi mamá y de mi papá que sintió la responsabilidad de alertarme de los peligros que corría una muchacha como yo, tan joven, en una escuela llena de gente adulta. Consejos con respecto a los hombres y esas cosas. Me dijo que los más peligrosos eran los palestinos, que me mantuviera lejos de ellos… Allí la mayoría tenía más de 30 años ( solo algunos becados extranjeros como yo 25 o por ahí) Fui la más joven de esa escuela por todo el tiempo que estuve allí. No dejó de ser una experiencia interesante por esa razón. Otro tema.

Mi cariño por el pueblo cubano se remonta a esa experiencia, en la que fui tratada con amor por muchas personas, desde profesoras, profesores, hasta funcionari@s, emplead@s de la escuela, la señora que nos lavaba las sábanas, las cocineras y cocineros, el viejito pescador que salía a pescar para traernos delicias para el comedor colectivo y much@s compañer@s de cantidad de países distintos.

Durante ese tiempo, además de educación, me llevaron a pasear, me dieron ropa abrigada cuando hubo frentes fríos, pijamas, ropa interior, artículos de tocador, zapatos…y además, me dieron mes a mes un estipendio de 60 pesos mensuales que me gastaba en salidas, diversiones, libros y discos. El pueblo cubano gastó dinero en mi. Dinero que no le sobraba.

Viví de modo muy sencillo. Estudié mucho.

Y pasó que entre más estudiaba teoría marxista más me cuestionaba la pertinencia de aquellos postulados que encontraba tan muy rígidos y contradictorios con el tema de libertades individuales que concebúa yo fundamentales. Entre más marxismo estudiaba más me daba cuenta que yo no podía considerarme marxista. No me hacía click aquello.
No fue fácil enfrentar esa confusión a aquella edad, siempre tan llena de preguntas, responder en los exámenes con sentido crítico, defender mis posiciones…que va. Tuve que enfrentar muchas discusiones en clase, pero especialmente ante el profesorado, porque entre las compañeras y compañeros compartíamos muchas de las preguntas.

La mayoría de personas en mi clase, de diversos países de América Latina, no pertenecían a partidos comunistas ortodoxos, sino a organizaciones con visiones críticas sobre las conductas hegemónicas de una URSS que ya se venía venir a pique ante los avances de la perestroika y también porque las realidades eran mucho más complejas que las que se nos enunciaban en aquellos textos bastante cuadrados, entonces compartíamos esas inquietudes. Nos sosteníamos entre tod@s.

Me relacioné mucho con gente de Venezuela, de Perú, de Colombia, de Nicaragua, de Granada, de Palestina, de Yemen, del Congo, de Etiopía, de Jamaica, de las islas Seychelles, de Cuba, de Panamá, de Chile, de Argentina, de El Salvador, de Ecuador…nos divertíamos mucho, pero también discutíamos mucho acerca de los procesos políticos de nuestros respectivos países.

Entonces lo que viví y aprendí, me lo traje todo muy cuestionado, revisado, interpretado y manoseado por mis propias inquietudes y las de sociedades que cambiaban y se contradecían: la cubana, la costarricense…. Todo se movía: lo que pasaba en el mundo y en Centroamérica.

De ahí vengo yo y hasta aquí he llegado tantos años después. Hace un tiempo me sentía todavía “de izquierda”. Con el transcurrir de los años me fui dando cuenta que no me sentía tan motivada por esas ideas y hasta hace poco un día solté la etiqueta y me dije a mi misma: ¿y qué pasa si ya no sos de izquierda? ¿serás peor persona? ¿no seguirías siendo la misma que desde los 18 años te estás preguntando acerca de aquellas “verdades” que resultó que para vos que no eran ni tan verdades ni tan completas?

Es mucho lo que podría escribir de mi proceso político personal, lleno de duelos y búsquedas.

La estocada final la tuve durante mi viaje a Europa hace apenas tres años. 20 días en Berlín fueron determinantes. Pasé dos meses leyendo “El hombre que amaba los perros” de Leonardo Padura y comprendí qué era lo que me corroía desde hacía tantos años y no había podido articular. Enfrentarme a evidencias de hechos históricos tanto en Berlín como en Praga mientras leía aquella obra terminó de armar en mi aquel rompecabezas que había comenzado en La Habana en setiembre de 1981.

Vale la pena mencionar que ya unos quince años antes me había revolcado hasta lo más profundo la obra del cubano Reynaldo Arenas “Antes que anochezca”.

Voy a intentar compartir algo poco a poco. A ver cómo lo organizo. Cuando una ya va por 55 años, son montones los recuerdos y anécdotas que se ponen a brincarte en molote en la cabeza. Ordenarlas es un ejercicio complicadísimo. Ojalá si alguien ha podido leer hasta acá le sirve de algo el cuento.

¿Que por qué me pongo a compartir esto hoy?
Son reflexiones que se me vienen a partir de la huelga, del Plan Fiscal, y de la situación política nacional. Mucho he conversado con varia gente el día de hoy y me gusta echarme para atrás y descubrir de dónde me vienen las opiniones, las ideas y las posiciones que tengo en este momento.

¿Que voy a pensar y a decir mañana? No lo sé.
Sigo preguntándome, cuestionándome, averigüando…aunque ya soy una señora en edad de ser abuela, sigo en el fondo siendo la misma muchacha inquieta de los 18.

 

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Julia Ardón