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Vergel triste, asustado y violento

Costa Rica tiene tiempo ya de haber perdido lo que le quedaba de “inocencia”.
El problema viene desde tiempos del Combo, y ha arreciado. Desde los actos de corrupción de los tres presidentes hemos perdido la confianza total y absoluta en la clase política y estamos enojados con el sistema. La democracia representativa se ha desgastado.

Hemos dado pasos pero todavía no se sienten firmes. El suelo está minado y en algunas partes movedizo y aguado.

Ese es el marco en que nos movemos hoy día.

Por eso la transparencia, la verdad, la claridad, no pueden ser solo palabras en boca de líderes, funcionarios ni políticos. Tienen que estar sustentadas en actos, acciones, muchas, muchas, de todos los días.

Tod@s andamos con el fius corto, la paja tras la oreja, la sospecha a flor de piel. Es normal, es lo que hay y hay que aceptarlo y a partir de ahí no asombrarse de las reacciones, los decires, las protestas, las denuncias, los gritos, los berrinches, nada.

Mucho nos ha prometido esta democracia durante muchos años y mucho nos sigue debiendo.

Creo que recuperar la fe en el sistema pasa hoy por revisar ese sistema: todo. Eso de la representatividad, eso de que solo los partidos puedan participar en elecciones y que cueste tanto inscribir un nuevo partido, eso de que solo podamos tomar decisiones cada cuatro años y que en el medio de esos plazos sean otras personas las que las tomen por nosotr@s. Falta entrarle a la probidad del sistema judicial también. Falta revisar el desempeño de todas las instituciones.

En Costa Rica no hemos comenzado la discusión de fondo: ¿está nuestro sistema democrático fresco, vigoroso, vital o desteñido, apagado y bastante chueco?

¿No es tiempo de echarnos un poco para atrás, dejar de ver lo anecdótico y comenzar a ver la “big picture”?

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Julia Ardón