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Sobre este gobierno: mis quejas

(que las tengo)

Sí. El cambio se siente. Pero con todo y el apoyo que tengo por este gobierno y su gente, con el esfuerzo que le veo todos los días en tantos campos, hay tres áreas en que me siento aún insatisfecha: participación ciudadana, cultura y salud.
 
Tenía yo mayores expectativas en esos campos.
No veo a la CCSS moverse hacia otro lugar. Siento su estructura aún tiesa, hay cosillas que han pasado, pero esperaba mucho más.
Espero por ejemplo: que se cotice proporcionalmente, que l@s patron@s no tengan que pagar su cuota por trabajadores a tiempos parciales como si trabajaran tiempo completo ( eso afecta mucho a las PYMES) Siento que sin eso poco se ha entendido de cómo fomentar el emprendedurismo. Eso es vital.
 
Espero que la atención en hospitales y clínicas sea más humana y menos burocrática. Espero que se abra a medicina menos química y más cariño, más orientación adecuada en estilo de vida,  menos medicinero, exámenes y ultrasonido y más afecto. Siento que así incluso se ahorraría mucho. Creo que la atención médica requiere de un gran cambio de paradigma y estamos lejos de entenderlo.
En cultura, me gusta la gestión de Sylvie, pero siento que llegó tarde una visión verdaderamente contemporánea como la suya al Concejo de Gobierno.   Fue un gran error nombrar al primer equipo de Ministra y viceministros, no sabían lo que hacían, no tenían norte, eran un equipo desarticulado, que perdió demasiado tiempo en cosas que incluso rayaron en la obsesión. Se hizo mucho daño al sector, atizando divisiones, asustándolo, alimentando desconfianzas, en los primeros meses. Privó una una visión anticuada y pequeñita de la cultura. En ese aspecto se retrocedió. La gestión del gobierno anterior fue mejor, no tengo duda, con todo y que no supo manejar la disidencia al interior del Ministerio y sus instituciones.  Siento que tenemos que aceptar esa gran falencia pero tengo aún esperanza de que se rectifique. Desde que Sylvie y Max asumieron, las cosas comenzaron a cambiar y para bien. Tengo plena confianza en ellos. No así en la gente que dirige la CCSS. Con esa me rendí desde el inicio. Aún no entiendo por qué doña María del Rocío Sáenz se mantiene al frente de la institución estratégica.
En educación también desearía pasos más allá en la revisión de los curriculums y sistemas, pero primero había que atender el gran rezago en infrasestructura (que se ha hecho) y en atender las a veces insoportables demandas gremiales. En eso me quito el sombrero con Sonia Marta que ha demostrado sus extraordinarias cualidades como líder y negociadora. Nunca he visto a nadie más paciente ante la insolencia. Qué bárbara.
 
En participación ciudadana si se ha avanzado, mucho, pero costó rectificar en gran medida lo que siento se hizo mal desde el principio. El estilo vertical y autoritario de Melvin Jiménez marcó mucho todo lo que se hizo al inicio, que siento que con otro estilo de liderazgo habría caminado hacia otro lugar más feliz. No siento que Melvin no tuviera claras las prioridades, sino que sus métodos no estuvieron a la altura de los tiempos ni las demandas de un proyecto de cambio verdadero como el que se planteaba.  Fue un claro caso de que la forma terminó dominando al contenido. No se puede construir algo nuevo con herramientas viejas. El no supo cómo manejar la gran responsabilidad que no solo se le encomendó, sino que él mismo reclamó para sí.
Aún así respeto muchísimo el esfuerzo de Ana Gabriel Zúñiga y su equipo. Han emprendido tareas enormes e importantísimas como la de la consulta indígena, que no tenía décadas de retraso, sino literalmente siglos: cinco, para ser exacta.
Podría seguir enumerando cosas con las que soñé que no ocurrieron: impulso fuerte a al agricultura orgánica, movilización fuerte por el Estado Laico y reconocimiento a la unión de las parejas del mismo sexo ( ya superado por la demanda de matrimonio igualitario, que es una gran deuda moral creo yo de la clase política costarricense con un sector de la población ), más intercambio cultural con los países latinoamericanos, firmes avances en la educación sexual no solo en los colegios, sino en las primarias, decisión sin remilgos para reglamentar el aborto teraeútico,  la urgente necesidad de desentrabar los servicios públicos y el burocratismo excesivo en tantas cosas, esa falta de capacidad para comprender que había que inspirar, motivar, explicar para qué se hacen las cosas, no solo lo que se hace, sino por qué, qué propuesta de país está detrás. En estos aspectos, no esperaba éxito en todo, pero por lo menos que se viera el entusiasmo por avanzar.
Reclamo desde el principio una cosa que me costó entender: lo que vi como no conciencia en algunos nuevos funcionari@s, una cosa como de andar de puntillas, como miedo a caminar para que no se moviera ni un adorno en los edificios del poder. Me asustaba que los veía como si anduvieran en casa ajena, sin adueñarse ni apropiarse de sus cargos, responsabilidades y sobre todo oportunidades para hacer cambios de fondo, verdaderos, significativos.  Como si la casa del poder se las hubieran prestado por un ratito y tuvieran miedo de no ser reconocidos como inquilinos autorizados o merecedores de respeto. No sé bien cómo explicarlo.
 
¿Y por qué hoy domingo 19 salgo con este domingo 7? Porque no me gusta ser “porrista” ciega, porque creo que en la autocrítica sana y de cara al sol reside la verdadera posibilidad de rectificación, y porque creo que en este momento la ciudadanía se ha dado cuenta que el gobierno que tenemos es decente, honrado y ha logrado grandes avances en muchos sentidos, pero no hay que dormirse aún sobre estos laureles (que pueden ser efímeros).   Creo que ya la gente inteligente se dio cuenta de que Luis Guillermo no era ningún advenedizo ni baboso como de manera tan ingrata lo quisieron pintar sectores perversos, creo que ya la gente ha despertado de tanta manipulación y nos abocamos a un año de  cosecha, pero por eso mismo me preocupa lo que pase después, y creo que solo planteando los pendientes se puede comenzar a pensar en cómo sostener el esfuerzo y darle continuidad.
 
De lo que creo se ha hecho bien podría hacer un comentario mucho más largo, porque es muchísimo, pero eso lo hago todos los días en mi muro de facebook  cuando celebro en montones de publicaciones y comentarios lo que se hace.
 
No. No todo se ha hecho bien.  Pero mucho se ha hecho bien, y debemos cuidarlo.  Es mi llamado, desde el ingrato lugar de quien quiere señalar los errores, para ver si algo se puede enmendar o al menos reconocer, para que no se repita cuando se tenga otra oportunidad, que estoy segura se tendrá.
Sigo pensando, y que de eso nadie tenga duda, que este gobierno es el mejor que Costa Rica pudo haber tenido en este período, y que este equipo era el que debía estar al frente.  No me imagino a nadie que lo hubiera hecho mejor, y me siento orgullosa de haber podido colaborar para que esto ocurriera, desde mis modestas posibilidades.
Después de nueve meses de trabajar en Casa Presidencial, cuando fui a conversar con Luis Guillermo para presentarle mi renuncia; le dije que iba a seguir ayudando desde fuera, apoyando todo lo que considerara bueno y él me interrumpió: “y criticando lo que haya que criticar, que para eso estamos, y sin críticas no avanzamos”. Pues bueno. acá estoy haciendo lo que prometí y conociéndolo, sé que él lo sabe agradecer.
¿Qué me motivó a escribir estas notas antes de irme a trabajar? El programa Va de Frente del pasado jueves con Jaime Gamboa, que me removió mucho; y más allá de él, el comentario que al respecto hizo Mario Cardona y que aquí replico:
“Los ticos somos muy amables hasta el punto muchas veces de sonar complacientes cuando hay que confrontar.
Creo que Jaime tuvo la claridad de poner sobre la mesa temas capitales como son la música, el cine, la literatura y la niñez, futuras generaciones de adultos líderes de la sociedad.
La cultura viva enfocada en abrir los corazones de la infancia y así que naturalmente quieran entrar en ese universo donde la imaginación transforma las realidades en espacios cargados de ilusión, alegría y creatividad. Bienestar.
Luis Guillermo Solís, el reconocerse ignorante en las materias de cultura no lo exime de su responsabilidad como mandatario de ser líder en el desarrollo de las gestiones necesarias para impulsar la cultura y la educación en un mundo en el que es vital preparar esas nuevas generaciones para ser líderes en la co-creación de un mundo mejor.
Me gustó aunque hubiera deseado major confrontación para que el señor presidente no se saliera por la tangente declarándose desconocedor de temas capitales básicos para la cultura y la educación y que un verdadero mandatario no puede desconocer.”

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Julia Ardón