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Sexo sin compromiso en la madurez

Claro que es posible

 
¿Sexo sin compromiso en la madurez? Claro que es posible. Con respeto. Como debe ser el sexo desde los 14 o los 15 o los 16 o los 18. Como debe ser a los 25 o a los 40 o a los 70. Siempre con respeto. Con respeto a la integridad de las personas. Con cuidado y apoyo mutuo.
 
¿Sin compromiso? Claro que se puede, pero siempre con respeto. ¿Sin ataduras? Claro que se puede, pero con respeto. ¿Sin reclamos ni expectativas? Claro que se puede, pero con respeto. ¿ocasional? ¿libre? Claro que se puede, pero con respeto.
 
¿Qué es el respeto hoy día?
Para cada quien es algo distinto. Es claro.
 
Eso de los valores, los principios, la consideración y la empatía se comen de manera distinta según hayan sido tus experiencias, según lo que hayás conocido, vivido. Según lo que creás, pero también lo que hayás estudiado, los libros que hayás leído, las películas que hayás visto, los lugares que hayás visitado, las reflexiones que otras personas hayan compartido con vos, lo que de todo eso hayás comprendido, entendido, asimilado, hecho tuyo. Y eso, en constante movimiento y evolución, hay que decirlo, es tan personal…
 
Por eso no cualquier persona puede con cualquier persona.
 
Cuando dos personas en su madurez se encuentran y deciden luego de una reflexión o de un arrebato de pasión (no importa las circunstancias) celebrar la vida con el abrazo y la piel, es fundamental, sigue siéndolo, que haya un código de valores y principios (si no igual) al menos similar. Un código que se reconozca mutuamente, que se tenga claro, que no se transgreda con sorpresas desagradables, desconsideración o falta de empatía. Eso que más arriba llamé “cuidado mutuo”. Saber cuidarse. Tratarse bien. Ese intangible que conecta más allá de la caricia, el beso, la relación sexual, que termina siendo fuego fatuo si la conexión no se da a ese otro nivel más allá de lo físico.
 
¿Atreverme yo a deslegitimar la manera en que otras personas llevan su vida sexual? No. De ninguna manera. Yo solo puedo saber lo que yo quiero, lo que yo deseo, lo que espero del encuentro, que para mi, desde que tenía 16, es un encuentro sagrado, puro, transparente y poderoso desde el punto de vista espiritual. Por ello, debo ser consecuente, coherente conmigo misma y permitir que en el territorio de mis afectos y mis orgasmos entre solo lo que merece entrar. Lo que me valore en toda mi integralidad.
 
Mi cuerpo es sagrado. Es hermoso, precioso, me pertenece y lo cuido como cuido mi paso por el planeta mientras esté vivo y me permita estar y ser. No se regala por nada, se ofrece como regalo ahí cuando se le llama con respeto y consideración y es capaz de tomar de otro cuerpo lo que con igual respeto y consideración se le ofrece siempre y cuando haya deseo compartido. ¿ y de dónde sale ese deseo? Del misterio, como tantas cosas fundamentales de la vida.
Antier conversaba con un amigo y me decía, a partir de un conflicto, que eso solo se podía resolver con Amor. Claro. Con Amor con mayúscula, ese que es capaz de ser generoso en el dar hacia la otra persona, pero que nunca excluye el amor propio. Me pareció tan lindo como me lo explicó. Tan sencillo y elemental.
 
¿Pero por qué tanto alboroto? ¿Por qué hablar de algo tan íntimo? Por varias razones, la primera, porque lo personal es político, porque aún para muchas personas es tabú que una mujer de mi edad y mi condición tenga deseo sexual, lo manifieste y sobre todo tenga vida sexual. Y decirlo a viva voz me parece ayuda a romper ese tabú, no por mi, sino por todas las mujeres del mundo iguales a mi que a menudo tienen que esconder o disimular no solo sus apetencias, sino sus propias experiencias. No me parece sano esconder esta realidad. Enreda mucho y sobre todo lleva a una vida de ánsias o carencias a muchas personas que creen por ignorancia o desconocimiento que no tienen derecho a vivir algo que es tan natural e importante para la salud humana a cualquier edad. 
 
¿Por qué también lo cuento? Porque para mi si no cuento las cosas, no las envuelvo con palabras, las cosas no ocurren. Es mi particular forma de vivir. Por eso escribo y leo tanto. Para mi todo pasa por las palabras. Y precisamente como pasa por allí, poderlo expresar a través de ellas es lo único que logra que pase lo que tiene que pasar. En este caso, la página con renglones torcidos, a ratos vacilones y simpáticos, pero a fin de cuentas torcidos. Pasando la página viene la nueva, la que está en blanco y ahí que solo la belleza tome lugar. La belleza de saberte dueña de vos misma, de tu integridad, tu conciencia, tu coherencia y el valor que le das a tu cuerpo. Todo junto. Porque una cosa lleva a la otra y la otra a la una.
Toda experiencia viene cargada del regalo de la comprensión, el aprendizaje, toda experiencia te transforma. Qué bonito cuando te podés dar cuenta del significado de las cosas.
Lo bueno que se recibió siempre se agradece amorosamente.  Lo que no ha sido tan bueno o manchó de algún modo lo que pudo ser bueno si hubiera habido verdadero cuidado y respeto mutuo, se desecha, pero igual se agradece, sobre todo si te lleva a la felíz conclusión de que:  “tampoco así”.
Seguimos.
(La ilustración es un fresco de Pompeya)

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Julia Ardón