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Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa…

¿Por qué me enfermé?

Una de las cosas más comunes que nos pasa cuando nos enfermamos es iniciar la preguntadera: ¿Por qué a mi? ¿Qué hice mal?

Me atrevo a decir que a la mayoría de las personas diagnosticadas con alguna enfermedad digamos “grave” nos pasa lo mismo. Yo no soy la excepción.

¿Qué no hice bien? ¿Qué hice mal para que esto me pasara? ¿Por qué no fui más disciplinada, más ordenada? ¿Por qué no seguí aquellos consejos? etc, etc, etc…

Pero si de algo puede servir (me) quisiera insistir (me) y comentar (me), que todas las personas somos distintas, que la aparición  de las enfermedades es multicausal, diversa, compleja. Que no somos seres aislados ni individuales, que lo que hacemos está siempre en relación con el otro, la otra, los otros, las otras, el ambiente, el entorno, la sensibilidad colectiva, la cultura, las creencias, lo más ancho y por ello más difícil de encasillar.

Porque sí, unas personas desarrollamos vulnerabilidades en un sentido, otras en otro sentido. Hay quienes hacen “lo que no se debe” y nunca se enferman, y hay quienes siempre hacen “lo correcto” y de repente se enferman. ¿Por qué nos creemos entonces tan omnipotentes de repetir que para que no te dé esto tenés que hacer esto? ¿O que tenés que hacer esto otro para “cuidarte”, porque fue lo que le sirvió a fulano o a sutana..?

Yo tengo un amigo que ha hecho con su vida lo que ha querido. Tiene más de 70 años y está muy bien de salud y de apariencia. Tiene mucha vitalidad y energía. Una vez alguien le pregunto: ¿y vos, contame qué es lo que hacés para estar tan bien? La respuesta de él fue la siguiente:

“Mirá, vieras que yo he gozado todo lo que he podido, he tomado todo lo que he podido, me he fumado todo lo que he podido, he hecho lo que me ha dado la gana, he bailado, tonteado, de todo…y eso a mi me ha servido, no sé si a vos te serviría lo mismo, pero lo que es a mi, a mi me ha servido”

Nunca olvido la respuesta maravillosa de este sabio personaje, porque siento que debo recordármela a cada rato.

Estoy viviendo un nuevo episodio de cáncer. Es la segunda vez que me aparecen tumores en el mismo lugar. La primera vez fue uno grande, ahora fueron “muchos, muchos pequeñitos…”, según las palabras de la doctora que me operó. Como comprenderán, las dudas me asaltan, los miedos, las preguntas y por supuesto las culpas, que si no hice esto bien, que descuidé la dieta, que no hice ejercicio, que no repetí la meditación, que me involucré en actividades muy tensas, que me puse a trabajar más de la cuenta, que soy demasiado apasionada,  que  permití que otras personas me maltrataran, que me hice la loca ante problemas, que me echo la culpa por lo que no hacen otras personas, que asumo como propias responsabilidades que no me incumben…que esto, que lo otro.

Escribiendo este pequeño texto quiero autoconvencerme de que tengo que alejarme de esos pensamientos y sentimientos de culpabilidad, porque precisamente en ellos podría estar, precisamente, una de las causas de mi vulnerabilidad, esa que es el caldo de cultivo perfecto para que mi cuerpo desarrolle cáncer.

Habrá que ver.

Sigo pensando.

 

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Julia Ardón