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Miguel Bosé maduro y señor

Sí, hemos cambiado

 
 
Anoche fui a ver en el concierto de Miguel Bosé en Costa Rica.  Varias amistades me preguntan por Miguel Bosé, que cómo lo vi.  La interrogante va  en el sentido de “guapo”. Que cómo lo vi anoche y eso, yo que siempre me he “muerto” por él, incluso a nivel “hormonal” y lo he contado varias veces.
Pues déjenme decirle que parece que tanto él como yo hemos “madurado”. A mi,  parece que ya  las hormonas no se me alborotan fácilmente y él pues ya no me las alborota como antes.  ¿Quiere decir que nuestra “relación” se destiño? ¿Ha terminado? Para nada.  Solo ha cambiado. Se asienta ahora en otro lugar.  ¿Menos importante? ¿Menos valioso? No. Sin menosprecio a aquello visceral y urgente llamado deseo, ahora lo que siento es conexión a otro nivel más espiritual.
 
¿Será eso madurez? Podría ser.  ¿Qué viene usualmente con la madurez? Cambio físico. Tremendo. Sí, pero también mayor serenidad y capacidad para entender las relaciones entre las cosas. Y eso a él se le nota a leguas y sigue emocionándome.
 
Miguel Bosé ya no es el hermoso que era hace,  digamos;  15 años en sentido físico, pero sigue siendo un hombre muy atractivo por su energía y capacidad de hablarnos desde los sentimientos y emociones. Es un mago del corazón. Sus gestos y movimientos siguen siendo de una elegancia y sutileza que enamora. Su forma de bailar es preciosa. Es de una sensualidad sofisticada.  En el rostro se le ve ahora como una carilla de perverso loquillo viejillo, especialmente cuando está serio. Pero cuando sonríe se ilumina todo y se percibe el olor de lo hermoso que fue. Pero ya no es tan hermoso en el sentido aquel. Ahora es hermoso de otra manera. Tiene otro tipo de belleza.
 
Lo que ocurrió ayer en el concierto en La Guácima ( que él insistía desafortunadamente en llamar “San José” ) fue un intercambio de energía, como bien él lo apuntó al final en un mini-discurso muy sentido que nos entregó. El nos daba, nosotros le respondíamos, él recibía y nos daba de nuevo otra cosa alimentada por nuestro aporte. Así,  nos explicó que cuando él a los 19 años, por ejemplo, compuso “Te amaré”, la escribió para nadie. Nos contó que no tenía a nadie a quien dedicársela, que solamente era dirigida hacia una ilusión de “alguien”, pero que al cantarla fueron millones de personas que le respondieron de vuelta. Y esa es la maravilla del arte. Cuando lo que hacés desde tu más profunda intimidad resuena en tantas gentes que la convierten en algo suyo, íntimo también.
 
En síntesis. Eso. Hemos madurado.
Pero nos seguimos amando. El a mi porque con su trabajo y sin conocerme me regala reflexiones que me emocionan muy hondo. Yo a él, porque se lo agradezco con mi mirada enamorada y mi aplauso.
Lo amo desde otro lugar. Ya no sufro como adolescente por no poderlo abrazar, besar y acariciar como lo hubiera soñado en un momento de mi vida, en que ese hombre sexualmente ambiguo y  lejano en el escenario se integró a mi vida como uno de los más anhelados hombres de mis sueños, objeto de mis pasiones y fantasías eróticas. Eso parece que ya se superó, y es vacilón observarlo con el asombro con que podemos mirar las grandes transformaciones. Se trata de aceptar y agradecer. Todo se agradece, mucho más el espectáculo que nos regaló anoche, que fue una experiencia sensorial, emocional y audiovisual muy profunda.
 
Bonito ¿verdad? Por eso me fascina la canción “Libre ya de amores”, porque retrata el momento que siento que tanto él como yo estamos viviendo:
https://youtu.be/K9sCkGxVLBM

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Julia Ardón