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Mi ideología

Una cree firmemente una cosa. Forma parte de su arsenal para poder ir por la vida, de su sistema de creencias, de su ideología…que como me decía una amiga (Dora Araya) ahora por la mañana: no es más que un pre-supuesto al que intento acomodar lo que percibo como realidad e incluso lo que pienso o siento..y entonces todo lo que escuchás, ves, experimentás, todo a lo que te enfrentás, lo tratás de pasar por ese colador, para:
 
1-Repetirte que tenías la razón, que tenés la razón. Que lo que creés es cierto.
 
2-Confirmar que tu sistema de creencias es útil, válido, el mejor, más justo y más completo.
 
3-Cuidarte, defenderte, blindarte contra la aventura, la sorpresa, una grieta en tu zona de confort, algo que no entendás, que te cuestione, que te asuste, que te provoque miedo, inseguridad, inestabilidad, que te saque de tus casillas, de tus marcos, de tus “verdades”, que incómodamente te ubique en el fangoso territorio de la vulnerabilidad.
 
Todas, todos, somos víctimas de esto y terminamos siendo victimari@s -ensañados y “mala leche” a ratos- desde ese “ser yo” que nos hemos inventado para creernos alguien, algo, parte de algo, qué se yo…vestir con lo que creemos coherencia el personaje que nos hemos inventado para intentar ser amad@s, apreciad@s, valorad@s.
 
Entenderlo pasa por revisarse mucho, todos los días, y cuestionarte, y pasar por el tamiz de la duda todo, TODO y a todo el mundo y sobre todo a vos mism@ y esas trampitas del ego, porque como decía también alguien por ahí: “todas las personas aman algo, tienen miedo a algo, han perdido algo” y es a partir de esa gran verdad que actúan (actuamos) , dicen (decimos), callan (callamos) , disimulan (disimulamos) o gritan (gritamos).
 
Qué chiquitas, qué chiquitos y al mismo tiempo qué grandes somos los seres humanos, porque también podemos ser divinas, divinos como Dioses, como seres perfectos y sagrados (solo que a ratos) .
 
Tanto que aprender.
Tanto que nos falta para despertar, saber amar de verdad.
Soltarnos al misterio, fluir…SER de verdad…respetarnos y honrarnos en nuestro cortísimo y ridículo paso por la historia.
En la foto: obra de Phillip Levine

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Julia Ardón