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Medea: la película

tanta soledad, y aún nosotr@s tan cieg@s

 

Ayer tuve un día que me trajo buenas noticias.
Si hoy por la noche se confirman unos nombramientos que me parecen muy buenos, estaré muy felíz por mi país.

Comenzando la tarde fui a ver, al fin; la película costarricense: Medea, que se estrenará el 3 mayo en cines nacionales. Se trata de una película cuyo estreno de gala se realizó hace unos meses y que ha estado rodando por festivales internacionales con mucho éxito. Ha recibido reconocimientos por dirección, producción y actuación tanto en Costa Rica como en el extranjero. Es una obra de bajo presupuesto, sencilla, discreta, sobria, “pequeñita” en sus pretensiones formales, pero honda en sus hallazgos éticos y artísticos.

Cuando terminó la cinta, allí en la salita del Magaly, no podía articular nada, solo quería llorar. Me llegó profundo, me atravezó. Siento que todavía estoy asimilando muchas de las cosas que sentí. ¿Las podré expresar? ¿Entender a la luz de “razones”? ¿O no? Es que hasta la fuerza de la naturaleza y su “decisión” de operar a través del cuerpo de las mujeres me dejó impactada. Nunca me había detenido a reflexionar sobre ello.

Hay palabras que me atropellan a partir de la historia allí narrada: invisibilidad, miedo, ceguera, desdoblamiento, negación, dolor, soledad, mucha, mucha soledad, tremenda soledad, ausencia, sin-sentido, rechazo, indiferencia, desesperación, enajenación.

Conocer a Alexandra Latishev, por otro lado, la autora fundamental de la pieza; me conmovió muchísimo. Me emociona mucho ver a estas chicas valientes que levantan su voz desde lo más profundo de su corazón y su piel. Me sentí tan pequeñita enfrente de ella… le di un abrazo fuerte como quien regala una reverencia, varios besos y muchas gracias. Hay cosas que las mujeres podemos entender y los hombres no. De igual manera habrá cosas que los hombres pueden hacer suyas y nosotras no. Habrá excepciones, gente que cruza los límites, lógico, pero hablo en general. Creo que Medea es una de esas experiencias que nos toca de modo distinto a hombres que a mujeres.

Antes de ir al cine había almorzado con Carlos Luis, mi hijo. El ya la había visto y es de los muchachos que consideran a la película una joya. -Julia…es la mejor película costarricense que yo he visto, es una excelente película, aquí y en todas partes. Va a ver lo que le va a gustar, lo que va a sentir…va a ver…véala, luego hablamos-. El me conoce. El sabe por qué poros respiro yo y me alegro que pueda entenderlo y en gran medida hacerse cómplice solidario. A los chavalos de mi generación les cuesta menos la película, me comentó Alexandra. Creo que es cierto.

Por la noche me entero que la pendiente reglamentación del aborto terapéutico no se logró pasar. Que el Presidente saliente la archivó. No le podemos pedir más. No pudo agarrar más coraje para avanzar en el tema, no entendió a pertinencia o la entendió pero no tuvo el valor o no quiso como dice Ana Gabriel “comerse esa bronca”. Otra. Todavía hay mucha cosa pendiente y esto seguramente pensó, generaría un ruido y alboroto que no podemos sumar a todos los ruidos y alborotos que por otros temas están puestos sobre la mesa. Algunos sectores se enojan, a otros los tiene sin cuidado.

El tema es delicado y no es popular, tampoco hay consciencia colectiva tan fuerte como para presionar. Pueden más los miedos y urgencias por los temas fiscales, los derechos de la gente trans, el matrimonio igualitario y todo en medio de la transición de gobierno… Hay tanto pendiente, y nada es más importante que nada. Todo es importante, pero es que es tanto.

Le queda al nuevo gobierno avanzar en lo que creo que si hay claridad en que debe ser prioritario: el mejoramiento de la calidad de la educación. Sin lograr cambios en ello no podremos hablar con comodidad, serenidad, claridad y madurez sobre el aborto terapéutico y el aborto por violación….y ahí viene el otro balde de agua fría, para las personas que pensamos como yo: el de la sentencia por la violación en grupo a una muchacha en España. Horrible. Porque no es nuestra pequeña aldea el centro del universo, porque el mundo es más ancho y si a una mariposa le cortan las alas en otra parte, acá lloramos también.

Entonces lo que comenzó como un día felíz terminó siendo un día raro, solo suavizado con una amena conversada en casa de una familia amiga en Alajuela.

Las voces seguirán levantándose.
La historia seguirá discurriendo.

Lo que más deseo es que la preocupación, la reflexión, la indignación y la sensibilidad humana en general, y feminista en particular, sigan produciendo actos de reivindicación, acciones de justicia, políticas públicas y obras artísticas que nos honren como humanidad. (Y para ello necesitamos no solo mujeres comprometidas, sino hombres comprometidos también, valientes, con coraje, conscientes, generosos y visionarios)

En eso estamos y en eso seguimos. Buscándolos. Apoyándolos allí donde los vemos sacar la cabeza.

Tanto pendiente, pero al mismo tiempo, tanto avanzado.

Sigue habiendo, pese a todo, mucho que celebrar.
El balance es positivo, pero la lucha sigue.

 

 

En la foto Liliana Biamonte, protagonista de la película Medea, encarnando el persona de María José. Una muchacha ausente dentro de sí misma. Sola. Absolutamente sola. Ciega. Muda. No dejen de ver la película a partir del 3 de mayo en los cines comerciales de San José.

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Julia Ardón