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¿Lesbiana yo?

No hasta hoy. No sé mañana. Una qué sabe.

Hay mucha gente que cree que yo “me hice” lesbiana. ¿Por qué? Porque tengo muchas amigas lesbianas, porque las amo, y porque desde hace años abracé la causa de los derechos LGBTI con mucha pasión.

También creen que lo soy por mi corte de pelo, porque casi nunca me pongo tacones ni vestidos, porque soy señora gorda…qué sé yo…también porque hace días no me ven con novio ni marido.

Estuve casada por catorce años con un hombre hermoso que se murió en 2003. Luego de ello me he enamorado ya unas cinco veces aproximadamente, pero ninguna cosa ha cuajado más allá de los primeros y torpes intentos o lo utópico. Sencillamente no he tenido suerte desde entonces con los hombres que me han gustado y  algunos que se me han acercado, ¿diay? no he podido corresponderles tampoco. No hemos coincidido, digamos, en apetencias.  Me van a disculpar.

Cuando se armó el escandalito aquel  de los piruchos de los obispos, “el insulto” que más me dedicaron personas desconocidas fue el de “lesbiana” ( bueno, hubo otros: “lesviana”, tortillera, malcogida, etc ) cosa que ni me fú ni me fá, honestamente.  Pero, eso sí, mi mayor preocupación es que por esa fama no consiga novio nuevo. Porque la verdad si me hace ilusión llegar a tener en mi madurez  un compañero, solo que por ahora no estoy enamorada de nadie, no tengo prospectos y ando muy concentrada en reparar mi cuerpo de los embates de la enfermedad y sé que a esto debo dedicar mucha energía.

Ahí veré qué pase, y si no pasa mucho, pues qué importa, pero si pasa algo bonito, pues qué dicha.

¿Prefiero a los hombres que a las mujeres? Me he puesto a pensar mucho en ello. Porque depende. En la amistad, mis amistades más interesantes, nutritivas, fascinantes  e interesantes son mujeres. Tengo montones de amigas hermosas.  Y no es que no tenga amigos masculinos, tengo amigos también, la mitad de ellos gay y muchos muy jóvenes, mucho más jóvenes que yo. Curioso. Soy más inclinada hacia lo femenino y lo feminista. Puede ser eso. Pero me encantan los hombres sensibles, hermosos, tiernos, valientes, cultos, informados, inteligentes y con sentido del humor…Ah…y sobre todo los que no son ni territoriales, ni acomplejados, ni celosos ni groseros. ¿Hay hombres así? Sí. Pocos de mi edad, pero sí. Es más usual encontrarlos así entre las nuevas generaciones.

Disfruté mucho de mi vida sexual desde jovencita. Hice lo que quise hacer y no tuve prácticamente malas experiencias, nada de abusos o cosas así, todo consentido.  En eso he sido bendecida, aunque no miento, sí he tenido sinsabores y cosas desagradables que sortear.  Tampoco todo ha sido un jardín de rosas. Pero sí he tenido bastantes experiencias como para saber que no hay nada que más me guste en ese sentido  que el olor del cuerpo del macho amado. Ojo, no cualquier macho, sino el macho amado. En eso soy chapada a la antigua.

Nunca fui de sexo casual, ni siquiera de aprete casual. Yo primero me enamoraba y luego pues lo demás. Paso por paso, aunque el procedimiento tardara apenas horas algunas veces, pero paso a paso.  Y digo macho con toda la alevosía del caso, como me sé hembra. No me gusta el machismo, lo detesto, pero amo amar al macho y no soy hembrista para nada. Feminista sí, y he tenido la suerte de amar y ser amada por hombres que no le tienen miedo al feminismo y algunos, con mucho de feministas.

En medio de todo, me ha tocado ser madre de un solo hijo macho. Y con él llevo ya doce años de periplos y aventuras en compañía como mini-familia de madre e hijo nada más.   A él, cuando me tocó hacerlo, porque ya es un adulto que toma sus propias decisiones;  le intenté inculcar valores feministas, humanistas y amorosos. Creo que él sabe tratar a las mujeres con las que se relaciona con respeto y cariño. Eso espero, y espero que llegue a encontrar con quien emparejarse con alegría y felicidad, como lo ha intentado hacer hasta ahora.  También me hace ilusión llegar a ser abuela y me alegra que a él le haga ilusión llegar a ser padre. ¿Qué nos espera por delante? No lo sé, pero tengo muchas ganas de vivir mucho para ver todo lo interesante que nos queda de vida familiar.

¿Por qué cuento todo esto?
Porque a raíz de tanto alboroto y revuelo por la ubicación en primera plana de la lucha por los derechos de todas las personas LGBTI ha vuelto la duda ¿Será Julia lesbiana? Ya varias personas me lo han preguntado directamente, y más de una mujer me ha hecho propuestas “curiosas” que agradezco pero que no me siento interesada en aceptar.  ¿Eso me pone la etiqueta congelada de “heterosexual”?. No sé. No me gustaría ponérmela per sécula seculorum. Voy y un día encuentro una señora agradable y me enamoro de ella. ¿quién quita? Ni idea. Sería vacilón. Hasta ahora no ha ocurrido, pero no lo descarto. ¿Por qué? Porque no me daría miedo.

Siento que una debe ser abierta a toda experiencia amorosa o erótica gozosa, y así como creo que las persona que nos autodenominamos heterosexuales podríamos eventualmente probar otra cosa, las personas gays o lesbianas podrían de repente probar una relación heterosexual, y quién quita “se vuelquen” por un rato o para siempre y tampoco pasa nada. Nada está escrito en piedra.

No es tan importante. Ojalá no lo sea nunca.

Yo creo que con el discurrir de los siglos, más allá de lo que podemos atisbar en el futuro, tengo la teoría, de que llegará la humanidad a aceptar como lo más común y cotidiano la bi o tri o pentasexualidad así como lo poliamoroso…ya ni sé…algo en mi me lo dice, sobre todo cuando vuelvo a ver por centésima vez, y emocionada;  aquella escena fascinante y fogosa del hermoso Miguel Bosé travestido junto a la Victoria Abril ingenua y sorprendida.

Una qué sabe…

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Julia Ardón