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Las misas, los curas, las religiones, mi idea de Dios

Mi encuentro con el hermano Elías

 

Una vez me salí muy enojada de una misa.
Se cumplía un aniversario más de la muerte de mami, y como todos los años, acudíamos mis hermanas y hermanos a la misa que pagaba para recordarla, nuestra abuela. A ella llegaban primos, amigos, familiares…nos saludábamos y era bonito sentir ese afecto y compañía.

El cura daba su sermón, hablaba de cualquier cosa y en un momento leía todos los nombres de quienes eran las personas dedicadas de la misa, agradecimientos, pero sobre todo personas fallecidas.

Un día el cura se dedicó a hablar contra el divorcio. Llegó a decir que las personas divorciadas eran como animales. Usó esas palabras No se me olvida. Me dolieron profundamente. Siendo mi madre una persona divorciada y estando la misa dedicada a ella, encontré que era una tremenda contradicción y un insulto a su memoria hacer esa comparación tan burda. Ese día decidí no ir nunca más a ninguna misa para mi mamá.

No siento justo que desde el púlpito se puede decir cualquier cosa y que las personas presentes no podamos levantar la mano para decirle al conferenciante nada. Ese tipo de comunicación unidireccional no me hace nada de gracia.

En otra ocasión, en una boda…las niñas tiraron flores al paso de los novios, el cura las regañó en voz alta desde el micrófono diciéndoles que quién iba a recoger esa suciedad, que aquello iba a quedar como si hubieran pasado “los chanchos”. En esa misma boda, el cura le dijo a la novia “prométame que aunque su marido le sea infiel usted lo va a perdonar”, ella no le contestó, solo sonrió. Fue un momento muy incómodo.

Por mi oficio como fotógrafa, muchas veces tomé fotos en bodas. En muchas lloré emocionada ante las palabras amorosas y dulces de los curas oficiantes. Recuerdo algunas así. Yo soy de las que me emociono en las bodas y lloro. Igual he llorado en bodas oficiadas por abogadas o chamanes. Una vez hasta yo misma oficié una boda y también lloré cuando leímos en grupo poemas de amor.

También me conmueve mucho la solemnidad de los funerales. La mayoría de los oficios religiosos en los que he participado han provocado en mi mucho respeto y devoción. Rezar el Padre Nuestro, esa hermosa oración junto a muchas personas es un ritual que no cambio por nada, sobre todo porque a mi me gusta sustituir, para mis adentros, la palabra Padre por la palabra Amor. Me gusta creer en Dios Padre como Amor, Amor Incondicional, una suerte de armonía cósmica universal que todo lo une, todo lo hila, todo lo acomoda, y que también, por ello es Madre Nuestra que estás en los cielos como en la tierra. Es mi idea de Dios y por eso me considero creyente. Soy creyente. Considero improcedente utilizar la palabra creyente y católica como sinónimos. No lo son. Se puede ser creyente sin ser católica.

He participado en rituales católicos, budistas,yorubas, mayas y ecuménicos. He escuchado plegarias tomada de la mano de evangélicos, judíos musulmanes y bautistas. Yo no rechazo ad portas lo religioso.

Respeto la fe de la gente, la devoción, la espiritualidad. Todo ritual cuando es practicado desde la fe, desde el Amor, desde la Comunión, desde la solidaridad y el cariño cuenta con mi participación entusiasta. No le tengo aversión a las religiones, que sé no tienen solo que ver con lo que hacen y dicen sus jerarquías. Esa es solamente una parte del asunto. La religión la vive mucha gente desde el servicio, el voluntariado, el apoyo a quienes sufren, el compromiso, la alegría, la meditación…hay muchas maneras de vivirla.

Hay curas católicos rebeldes que me emocionan hasta las lágrimas, Monseñor Romero, Ernesto Cardenal, Leonardo Boff, con ellos me tomo de las manos y voy donde me digan. He tenido el gusto, durante mi vida de conversar con los dos últimos, mostrarles mi respeto y admiración. Para mi eso ha sido un regalo.

En estos días de “gran tertulia nacional” por mis palabras de Viernes Santo, tuve ocasión de intercambiar mensajes con algunos sacerdotes que me escribieron, gente cariñosa que me supo escuchar y a quienes escuché con respeto y atención. Me escribieron unos cuatro explicándome que compartían mis preocupaciones y sentían que el error mío había sido la forma en que me expresé. Ese intercambio me fue llevando a comprender que no podía generalizar. Hay sotanas que se usan para hacer el bien, muchas. De igual manera recibí mensajes en extremo violentos y ofensivos de parte de sacerdotes de otro tipo, pero eso no lo comentaré. De todo hay en la Viña del Señor y en el Frijolar de la Señora.

Pero la verdad,me preocupan mucho las palabras de algunos curas de mi país últimamente, no creo que por usar sotana se conviertan en santos ni personajes con una conexión especial con Dios. Eso me parece arcaico. Opino sobre lo que dicen, a veces muy enojada porque lo he considerado grosero, ( y en mis respuestas se me ha ido la mano, lo confieso) pero no me siento con derecho a decirles lo que tienen o no tienen que decir, lo que me atrevo a hacer es pedirle a sus feligreses que les pidan sensatez, compasión, misericordia, que les pidan Amor.

Ese, al fin y al cabo ¿no fue el mensaje del hijo del Amor que vino al mundo a decirnos “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” hace más de 2000 años?

Por mi parte espero seguir aprendiendo, con los brazos abiertos a todo lo que venga, como siempre.

La foto es de un hermano franciscano que un martes por la mañana, tempranito, me encontré caminando por la playa del Paseo de los Turistas en Puntarenas hace unos tres años. Fue un encuentro maravilloso. Nos quedamos una hora completa hablando de la vida, de nuestra idea de Dios, fue un ritual gozoso donde compartimos como iguales, con mucho cariño. Se llama Elías, nunca lo olvidaré, me contó que era monje franciscano contemplativo, que tocaba el arpa y que tenía leucemia. Vivía de la caridad pública.

Conocerle, y acercarnos desde el corazón, fue algo muy cercano a la epifanía.

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Julia Ardón