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La Ruta también es de las Conquistadoras

por Julia Ardón

 
El jueves comienza de nuevo La llamada Ruta de los Conquistadores. Tres días de competencia tremenda de bicis por nuestras montañas, del Pacífico al Atlántico de todo Costa Rica.
 
Pónganle atención a las mujeres que participarán. Ellas son muy invisibilizadas en medio del barullo que pone a los hombres siempre como héroes (que lo son) y también merecen aplauso. Ojalá la prensa cubra sus historias de vida, sus motivaciones, sus ilusiones, porque es fascinante.
 
Mi hermana Lucía Ardón Morera ( en la foto de arriba junto a otra participante: Gabriela Morera, también costarricense) la ha corrido dos veces, en  2011 y en el 2012.  Cuando era de 4 días y luego cuando fue de 3 días, como será esta vez.
Muchas personas la comienzan, pero pocas la hacen completa.
 
Según Lucía, todas las etapas son duras, no hay una más que otra.
“La primera etapa de Jacó a Santa Ana, pasando por Carara. Eso nadie lo puede explicar, solamente hay que estar ahí. Le pueden decir a usted mil cosas pero solo estando ahí se entendie”, “siempre es diferente”. “Pura montaña, si llovió o si no llovió, si se cayó un árbol o no, será distinto. Es un gran reto. La pasada por allí se puede hacer, depende del entrenamiento, lo más terrible son los paredones de barro. Nosotros, los que no somos de élite, no podemos salir de ahí si no nos ayudamos entre nosotros. Hay que darse la mano para subir la bici. No puede ir uno y la bici al mismo tiempo, pasa la bici, pasa uno, nos ayudamos entre todos”.
De Santa Ana a Terra Mall. “Subir, subir, subir, subir, cuando uno cree que ya terminó viene una cuesta más dura, más parada, hasta llegar a Terra Mall. Uno ni sabe cómo llegó hasta allí”.
 “Una amiga cuando llegó a Limón no podía no quitarse la ropa para bañarse, era tal la debilidad”.
De Terra Mall a Turrialba “esa pasada si es la muerte. Subir al Irazú, bajar hacia Turrialba, con aquel frío por las faldas del Turrialba, no sabíamos si íbamos por un río o por una carretera, con montones de agua corriendo todo el tiempo, con rayos, truenos, como una película de terror. Yo me echaba el aguadulce -que me daban en un puesto de asistencia- en las piernas para calentarme”.
 “Los hombres más fuertes en ese trazo se ponen a llorar. Cambiaban los accesorios, guantes y accesorios, por ropa seca, con la gente que vive por ahí. Salían con camisas de botones y suéters de lana…recuerdo unos mexicanos que terminaron así.”
 
“La última etapa, de Turrialba a Limón, es la más plana. Hay una cuesta que se llama “la cuesta de la alegría”, porque es la alegría terminarla. Pedalear por todos los pueblos de Limón es complicado. Los puentes son de pánico. Recuerdo a una mujer que lloraba pensando en sus 4 hijos en España, porque creía que iba a morir. Son muy peligrosos. Hay que ir a pie muy despacio con la bici al hombro”.
 
“Luego la infinita línea del tren y no puede uno bajarse por kilómetros y kilómetros interminables hasta ver la luz del mar al final. Es indescriptible lo que se siente cuando se ve”.
 “Cuando se llega a la playa, por la arena, pedaleando a cero velocidad, contra ella, porque te deja avanzar,…cuando te acercás a Moín no sabés si reír o llorar o gritar y llegás a la META, no tiene precio, como dicen, no hay palabras. Todo valió la pena. Es de llorar.”
 
Lucía entrenó la primera vez por seis meses. Marco Amador fue su entrenador. “En este mundo, solo la locura ha logrado cosas”, recuerda que les decía. Tenía 50 años, una nieta y un nieto de días de nacido. A los entrenamientos iba con el celular alerta para cuando le avisaran del nacimiento de su nieto. El año siguiente participó junto a su hijo Migue Cordero, de 20 años, que también la terminó, pero tuvo que suspender el primer día por un problema muscular.
 
La segunda vez entrenó un año entero. Le fue mucho mejor, con Marco Amador también. La preparación incluía actividades diversas: correr, nadar, andar en bici y hacer ejercicios que suman yoga con fuerza. Hay mucha preparación mental, además de la física.
 
“Mi amiga Rocio Monge lo que más quería era demostrarle a quienes no creían en ella el logro de haber cumplido por la proeza.”
“Un entrenador me llegó a decir que si me metía a prepararme para la Ruta mi matrimonio podría terminar, porque serían meses y meses de solo bici, ruta.”
 
Como dice Román ( Urbina, el creador de la carrera) “la ruta no es un queque”
 
La Ruta de Los Conquistadores es considerada según especialistas, como una de las competencias de mountain bike más duras del mundo. Constituye una gran aventura en la que participan alrededor de 400 personas de todo el mundo. Mujeres son pocas. La diferencia es que para hombres ha habido históricamente más categorías, las mujeres todas, aunque tengan 20 o 50 años han competido hasta ahora todas en la misma categoría.
Participar es una inversión fuerte. El mountain bike no es un deporte barato. Al costo de inscripción hay que sumarle el de la bici, los accesorios y sobre todo la disposición de tiempo para entrenar muy fuerte. Pero quien se entusiasma con el desafío no para hasta conseguirlo, como lo hizo mi hermana Lu, una verdadera conquistadora de sí misma. La he admirado muchísimo por muchas razones, pero con esto si que “me limpió”.
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fotos: Ruta de Los Conquistadores y Julia Ardón

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Julia Ardón