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La gente “rara” de Berlín

¿rara?

 
 
Sigo en Berlín conociendo esta ciudad y su gente.
Claro. Lo que intuyo. Porque no todo el mundo que anda por aquí es de aquí.
Esta es ciudad de paso también y de mucho, mucho turismo.
Entonces a veces no sé quién es de aquí y quién no. Imagino igual sentirán quienes me vean caminando tranquila por las calles con mi bolso. ¿De dónde será esta señora?
 
El otro día me subí a un taxi con un muchacho turco. Tendría unos 35 años. Alto, fuerte, muy guapo, pero sobre todo conversador.  Ahora al inglés de Alajuela le tocó enfrentarse al inglés turco. Nos fue más o menos bien.
 
 
Me decía “qué simpático, nosotros los turcos somos más parecidos a los latinoamericanos, más entradores, confiados, expresivos…me encanta encontrarme con gente de América Latina”, y me soltaba palabrillas en español  para continuar quejándose los alemanes y las alemanas. Uy, ¡todo lo que me dijo!!
 
Entre las cosas que me decía es que había tenido una novia brasileña con la que se llevaba muy bien ( pero no entendí o no me contó por qué terminaron) pero que con las alemanas no podía. ¡No las soporto!  “Aquí la gente amanece preocupada, buscando problemas, se enoja por nada, todo es un mundo y un estrés”, en cambio nosotros ( refiriéndose a los turcos)  somos más relax. Los alemanes desconfían de todo el mundo, son muy fríos, etc, etc.
 
No le pregunté cuánto tiempo tenía de vivir en Berlín, pero yo en mi inglés de Paulo Coelho no podía hacer ninguna reflexión ni muy filosófica ni muy profunda. Todo por encimita. Y bueno, no es que la pueda hacer en español tampoco,  pero si puedo hacer el esfuerzo para intentar ver las cosas en su contexto y complejidad y expresarme mejor y no puedo repetir las cosas que él dijo así de buenas a primeras. 
Entonces hoy mientras almorzaba con Carlos Luis en un restaurante asiático de Postdamerplatz  comentábamos que qué pueblo que ha tenido que vivir cosas tremendas este el de esta ciudad. No podemos hablar del pueblo alemán, por ahora podemos hablar del pueblo de Berlín que es el que apenas conocemos y por encimita. De los alemanes y las alemanas de Berlín. Solamente.
 
Primero la Primera Guerra Mundial, luego una terrible crisis económica, después el ascenso de Hitler y su locura, apenas saliendo de la experiencia del nazismo, la Segunda Guerra, los bombardeos, la destrucción de casi toda la ciudad que era el blanco de los aliados, y apenas despertando a ese genocidio del holocausto y el desastre, la división terrible que partió la capital en dos ( y una la de las partes en tres, la francesa, la inglesa y la gringa)  para partir con eso familias, amistades, historias comunes, barrios, una cultura…es impresionante…y bueno, comentábamos que esa es una herida abierta muy reciente. Todo eso pasó hace nada.
 
28 años de experiencia partida entre capitalismo y socialismo apenas hace nada. Apenas hasta 1989. Apenas ayer.  El país partido en dos mitades y Berlín como última frontera entre dos mundos distintos, intentando escribir historias distintas y otros países metiendo la cuchara en este territorio en eterna disputa, y de nuevo el horror, las muertes, la violencia, el miedo.
 
Me decía Carlos Luis que él siente que la gente en Berlín amanece cada día alerta, en un estado de incertidumbre, pensando que en cualquier momento se puede dar un problema que hay que resolver. Es gente que una y otra vez se vió aplastada y se volvió a parar, como pudo, frente a lo que pudo. No intentamos juzgar nada solamente intentamos el ejercicio de comenzar a comprender.   Nosotros en cambio a los problemas los enfrentamos distinto.
 
La generación mía vivió en el tiempo de la Guerra Fría. El Muro apenas se cayó en 1989, cuando ya éramos personas adultas. La primera generación sin muro es la de lo que serían nuestros hijos e hijas. Es una historia muy fresca, muy reciente. La gente de Berlín que tiene mi edad vivió la Guerra Fría, la gente de la edad de mis padres vivió la Segunda Guerra Mundial, todavía hay abuelos que vivieron el nazismo y los bombardeos. ¿Cómo nos vamos a imaginar eso?
 
Y conociendo como conocemos que las historias familiares presentan patrones que se repiten y se repiten hasta que no les pongamos nombre y no tengamos conciencia de ellos, perdonemos, aceptemos y honremos, pues la cosa esta compleja y hay mucho pendiente. ¿Cómo entonces tomarse las cosas con la ligereza del taxista turco? No, muchacho, esta gente no es que es “rara”, es que vive con esta historia a cuestas y apenas la está asimilando, ¿no ve que todo esto pasó hace muy poco?
 
Hay recuerdos muy dolorosos en esta ciudad, mucha muerte, mucho despojo, mucha guerra, mucha violencia. Pero de igual manera hay un 25% de población que viene de otros países, ha sido una capital que se abrió a las migraciones extranjeras, que se construye sobre la multiculturalidad y que además ha tomado mucha conciencia de la importancia de vivir en armonía con la naturaleza. Me llama la atención que he visto mucho niño aquí. Mucho niño y niña, eso me llama la atención.
 
Además, hoy por hoy, Berlín acoje a miles de estudiantes extranjeros todos los días. Aquí la universidad es prácticamente gratis para quien logra demostrar aptitudes para una carrera, se costea sus gastos de hospedaje y alimentación y aprende el alemán. Hay mucho contraste. Alemania, y Berlín especialmente,  le está regalando al mundo mucho profesional de calidad en todas las áreas. Eso hay que valorarlo.
 
Son reflexiones que podemos hacer mientras vemos maravillados la cultura, la belleza de muchas cosas, la grandeza, lo interesante y lo contemporáneo. Tenía muchos años yo de no visitar una capital de un país central, poderoso.
 
 Lo que no he podido es organizarme bien con el tiempo, pero espero volver en octubre y aprovecharla más.
 
Está el tipo de visita organizada, la experiencia educativa que te proporciona por ejemplo un museo, una visita guiada, un plan turístico trazado de antemano, y está la experiencia espontánea, desordenada, epidérmica. Ambas son importantes, pero le decía yo a Carlos Luis que lo que más me interesa de esta ciudad es eso de político-histórico que es único, porque imagino que mucho de lo que estoy viendo acá lo voy a ver en otras ciudades que visite en este viaje. Vamos a ver.
 
Quiero ir a un tour que explica lo del Tercer Reich, quiero ir a un campo de concentración que está cerca, quiero ir a ver el memorial de holocausto y el museo de los judíos, quiero ir al museo de la RDA, y están pasando los días muy rápido  y no me he podido acomodar. Ayer la visita al memorial del muro me tomó como cuatro horas, horas en que lloré, y lloré y lloré. Fue muy impactante para mi. Quedé muy cansada emocionalmente.
 
Por ahora solo tengo impresiones desordenadas, pero si que la verdad no me atrevo a juzgar el comportamiento de esta gente, y tampoco puedo generalizar, pero sí, la mayoría de la gente no te mira a los ojos, no se mete con vos, no te determina, no te habla, no te incluye. Es lo que he sentido.
Espero seguir aprendiendo, pero a como va la cosa, necesito, para medio entender esto, unos seis meses por acá.
 
Y eso que estoy dejando por fuera el entusiasmo por ir a la ópera, a conciertos, al teatro, a la danza, a un montón de museos de arte…mejor ni me abrumo. Una cosa a la vez, que sea lo que pueda ser.  Sin estrés y fluyendo, como los turcos y las latinas.

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Julia Ardón