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La culpa es de la culpa

Comenta en facebook mi amigo Julián Trejos Zelaya con gran acierto que “La presión sobre las mujeres sí que es fuerte.
Yo que lo veo desde fuera me sensibilizo.
Primero, se les juzga por su apariencia, y muy severamente. Lo hacen tanto los hombres, como las otras mujeres (a veces con crueldad). Tienen que verse impecables, y si no es así, pues va la primera condena.
Luego, si quieren destacar en el mundo profesional, deben cumplir con el primer requisito, y luego competir como leonas (sin perder la compostura) para obtener lo que a los hombres nos cuesta bastante menos, y con frecuencia reciben menor reconocimiento o remuneración.
Además, si desean junto con lo anterior llevar una vida de hogar, complementada con el buen ver y el éxito profesional, pues la cuesta se empina mucho más, y son duramente criticadas por no dedicarle más tiempo a la casa…
Y si sólo se dedican a la familia, el trabajo en la casa no se valora, y que pobrecita que no logró más con su vida… ¿En qué quedamos?
Recuerdo de cuando era joven, frases que ya casi no se escuchan (afortunadamente), como “qué susto, qué vieja más fea” (antes de cualquier valoración de ella como persona o por sus capacidades).
Afortunadamente, los tiempos cambian, aunque muy lentamente.
Mi admiración para las mujeres importantes en mi vida.”

Y si. Me quedo pensando en todo eso que tenemos las mujeres metido dentro de nosotras: Las que son guapísimas se sienten culpables a veces porque no han cultivado su inteligencia o porque si la tienen no se les reconoce, las muy inteligentes culpables por no ser tan bonitas si no lo son, las madres que trabajan solo en la casa se sienten culpables por no realizarse profesionalmente, las que dejaron de estudiar porque dejaron de estudiar, las que estudian mucho por estudiar tanto, las que trabajan fuera de la casa y tienen éxito profesional se sienten culpables porque han descuidado el hogar.

Eso de sentirnos culpables constantemente, culpa, culpa tras culpa por no ser como nos dijeron teníamos que ser y no cumplir con todos los requisitos que sentimos la sociedad espera de nosotras.

Cuando mis padres se separaron, a mi mamá le llegaron a decir (gente de la familia) que era culpa de ella por trabajar fuera y haber descuidado el hogar. Todas esas cosas pesan, van configurando una nebulosa de culpas a veces racionales y concientes, a veces en el plano del subconciente…y nos construyen como personas y nos definen aunque de boca para afuera digamos que no nos importan.

Es demasiada la carga.

Igual los hombres tienen la carga de ser fuertes, corajudos, valientes y buenos proveedores…Hay mucho mandato patriarcal que nos hace daño, mucho a las mujeres y en alguna medida también a los hombres. Esto es muy doloroso. Nadie debe sentirse obligado a ser de la forma que la sociedad espera que sea. Cada persona debe ser como es, buscar su propia felicidad, balance y equilibrio. Necesitamos más libertad y respeto para liberarnos de esas culpas.

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Julia Ardón