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La conexión

(el misterio)

Las personas nos conectamos desde intereses mutuos, desde visiones de vida compartidas, amistades, actividades o aficiones comunes. Hay gente con la que te integrás en grupos de modo armónico y todo se desarrolla entonces naturalmente. Algo como el sociego, que es sabroso, pero peligroso en tanto te coloca en la zona de confort donde la modorra puede hacer su agosto.
 
Podés conectar con algunas personas desde lo de fuera, montones de veces; sin embargo  hay gente con la que conectás de otro modo más sutil, más profundo, más íntimo…desde lo insondable, desde lo que no se puede articular ni explicar pero que te lo revuelca todo…y algo así puede ocurrir desde el alma, pero también desde el cuerpo ¿están tan separados? 
 
¿Por qué se pueden enamorar personas que ni siquiera hablan el mismo idioma, que se pueden decir poco?
 
¿Cómo es posible que una mirada de pronto sea suficiente?
 
¿Qué de sagrada tiene, por ejemplo, la sexualidad cuando se vive o se practica con plena conciencia? ¿Qué sentidos te abre?
 
Hay personas con las que te conectás desde lo más profundo y misterioso. Esa pasión que te empuja hacia otro cuerpo es uno de los más poderosos misterios y no pasa por ningún tipo de aprendizaje, racionalidad o reflexión, es algo de piel, de olor, pero más que eso de energía. Siento yo. Eso que llaman “química” en cuestiones de amores es algo que me intriga demasiado. He estado pensando mucho en ello desde hace días.
 
Cuando yo estaba chiquilla, una vez tuve alguna relación un poco sosa,  y enojada por luchar y luchar por despertar en el otro la pasión que yo por él sentía y que él no tenía capacidad de devolverme, escribí un poemita que terminaba diciendo: “porque esta mujer a amar vino a este mundo, y nadie podrá con comedidos besos mitigar el ánsia preclara y desbocada de su sexo”. Pos sí. Eso sentencié como a los 18 años.
 
Pero ¿ Cómo una “niña” podía escribir algo así? ¿Desde qué convicción o experiencia? ¿De dónde venía en aquel momento? ¿Cómo podía articular eso? ¿de esa manera? ¿Cómo pude llegar a tamaña conclusión entonces? Hoy, a mis 54 resulta que lo estoy comprendiendo, al fin. Y ha sido tan emocionante.
 
A veces me da miedo cuando las cosas se me completan, cuando intuyo que al fin, las entiendo. Me da miedo que la lucidez con respecto a algún asunto signifique que está cercana mi muerte. No es una locura para mi pensarlo porque soy de las que creo que a esta dimensión vinimos a aprender y que cuando lo hagamos nos iremos, para volver las veces que sea necesario a seguir aprendiendo. Esto es una escuelita. Nada más. Tampoco hay que tomársela muy en serio.
 
Me siento muy bien de salud física y muy bien emocionalmente,  pero sigo en una condición vulnerable, tengo un tumorcillo regego que estamos monitoreando a ver si podemos impedir que se desarrolle, como el otro montón que ya hubo que sacar.   Si eso pasa habrá que operar de nuevo.  Si a esto se  suma la edad, que no es que es mucha, pero tampoco es poca, la sensación me produce al mismo tiempo  algo de miedo, vértigo y un toque de fascinación. Lo confieso.
La foto del mar.
Si.
Porque el agua siempre ha tenido que ver.

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Julia Ardón