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La anécdota de “los piruchos”

de las cosas más tremendas que me pasaron el año pasado

Trabajaba yo en Casa Presidencial.

Era viernes santo. Estábamos de vacaciones.

Conociendo detalles de los mensajes que en púlpitos y procesiones algunos miembros del clero costarricense estaban compartiendo en el sentido de que “quienes apoyan la Fertilización in Vitro son abortistas” y “quienes apoyan las uniones entre personas del mismo sexo atentan contra la familia”“oremos contra esa gente”, escribí en mi muro de facebook, desde mi casa:

“Amigas y amigos católicos, de nuevo: Esta Semana Santa, en todo tipo de misas, en iglesias pequeñas y grandes, en Catedrales y parroquias ha habido un discurso común. Ya lo he escuchado en varias partes.

Curas usando sus púlpitos para lanzar afrentas y diatribas contra la Fecundación in Vitro. ¿Qué les pasa? ¿En qué cosa quieren convertir a Costa Rica?, ¿en el último reducto de qué cosa? ¿No van a decir nada los católicos y las católicas? Son cientos de miles los niños y las niñas en todo el mundo que han nacido gracias a esa técnica permitida en casi todos los países del mundo (menos los musulmanes fundamentalistas y otros pocos) ¿En qué aberración queremos convertir a este país? ¿Qué les pasa?

¿Nos vamos a hacer los tontos?, ¿no les vamos a decir nada a esos señores de sotanas, encajes y piruchos? Perdón, pero yo ante esto no puedo callar.”

( eso..)

Ahí no pasó nada. En mi muro de facebook solo gente conocida comparte y ya no le extraña mi manera de pensar ni lo que expreso por ahí. Me conocen.

Pero copié el texto en pedacitos y lo publiqué en pequeñas frases además en twitter. Ahí si se armó el escándalo. Ese terreno estaba minado.  Algunas personas que no me conocen comenzaron a usar la expresión para mostrar “lo irrespetuosa” que podía ser una “asesora presidencial”, gente que ni me conocía.  La frase fue utilizada para hacer daño al gobierno de Costa Rica porque en ese momento yo trabajaba en el equipo de comunicación de la Presidencia. El Presidente Solís me había pedido cumplir con algunas tareas que estaba intentando realizar desde ahí. Tenía nueve meses de estar intentando colaborar, no sin dificultades. Había allí gente incómoda con mis labores.

Lo que sucedió después queda aquí relatado

en el medio digital Informa-tico.

Lo que desató el evento fue de las cosas más intensas y tremendas que viví personalmente el año pasado. Apenas renunciando decidí retomar los exámenes médicos que tenía pendientes desde hacía varios meses en mi condición de persona con antecedente de cáncer de vejiga en octubre de 2014. Había dejado de cuidarme pensando que estaba haciendo cosas muy importantes. Crazo error.   El resultado: nuevos tumores que tuve que atenderme con urgencia.  A finales de mayo de 2015, ni un mes después de mi renuncia,  fui operada de nuevo, esta vez la cirugía fue más larga y complicada, y el período de recuperación más complicado y doloroso. Por dicha ya pasó y ahora me dedico a cuidar mi salud con más atención y disciplina, pero ambas situaciones tienen relación. Decidí “poner el cuerpo” literalmente por una causa, y el cuerpo terminó quejándose y gritándome que me detuviera, que me estaba haciendo daño.

Recuerdo hoy el episodio con sentido del humor y con simpatía, incluso. Muchas lecciones aprendí.   Lo que no fue nada bonito fue el acoso mediático y en redes sociales que tuve que enfrentar. Y lo más difícil, lo que llegué a sentir como bajeza en la actitud de algunos de mis más cercanos compañeros y compañeras de trabajo.

Muchas dudas tengo aún sobre algunas cosas que se sucedieron que no fueron del todo claras, de lo que si tengo certeza es de que esta situación y algunos hechos que viví los meses anteriores  tuvieron que ver con el deterioro de mi salud. Fue urgente que defendiera mi territorio y no lo pude hacer del todo.  Ante situaciones que me generaban sentimientos de impotencia, dejé que mi ánimo menguara, ante cosas que quise alertar permití que se me silenciara.  Actué con “demasiada” prudencia en algunos casos, permití que personas llenas de miedo invisibilizaran mis propuestas. Callé muchas veces para no “incomodar”, no insistí en cuestiones que consideraba medulares… y bueno, eso tuvo sus consecuencias.

Hermoso, eso sí, la solidaridad  y cariño de mucha gente tanto dentro del gobierno como fuera de él. Mi agradecimiento a Luis Guillermo, Ana Helena, Mercedes, Helio, Mariano, y Ana Gabriel que me pidieron me quedara y me apoyaron en el proceso tan difícil, así como a otro montón de  gente que me dio su abrazo sincero ( y que sabe quién fue). En la Casa Presidencial tengo muchas valiosas amistades, mucha gente que quiero mucho y que sé hace su mejor esfuerzo por este país. El último día que fui a trabajar tardé dos horas despidiéndome de muchísima gente que guardo por siempre en mi corazón.

Importante una de las más valiosas lecciones que aprendí, que mi voz es importante para mi, que decir lo que siento y lo que pienso es parte de mi vocación, algo a lo que me siento llamada, algo que me sostiene y es importante para mi. Es mi camino, y no puedo renunciar a él. Cuando una siente muy fuerte la necesidad de decir algo y se calla, una de dos, o se enferma o se muere. Yo todavía no me quiero morir.

De seguido  una entrevista en video que me hizo Harold Leandro para el Semanario Universidad.

 

Más cosillas que se dijeron se encuentran en goggle

 

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Julia Ardón