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La Administración Solís Rivera

4 años después de la ilusión, desde la baranda.

Mis sentimientos con respecto al informe de labores del Presidente ayer son encontrados.
 
A Luis Guillermo le sigo teniendo cariño y respeto personal. Eso lo aclaro antes de decir que como Presidente de la República siento que al final de su mandato y después del duro golpe del cementazo y de la torpeza con que siento se manejó desde Casa Presidencial, pecó de colocarse a la defensiva, esquivo y con una dosis de vanidad y soberbia incómoda para mi gusto.  Atrás quedó también la gran vergüenza y responsabilidad de la mala gestión en Cultura con el FIA que cayó como balde a agua fría a un sector que se había volcado de modo masivo a finales de 2013 e inicios de 2014 a apoyar el cambio de paradigma en política y que a mi juicio quedó vestido y alborotado. Ni para qué la saña y persecusión de que fueron objeto Ministro y Viceministro anteriores para no ofrecerles en todo este tiempo ni siquiera una disculpa pública. Eso me da mucha pena y no se me olvida.   Coincido con la gente que esperaba de parte del Señor Presidente una verdadera autocrítica sobre estos temas y otros.
 
La Administración Solís Rivera hizo grandes cosas, sostuvo el país con dignidad ante muchas vicisitudes, pero siento que abusó de autoindulgencia y le faltó coraje en algunas materias medulares. A mi juicio, sobró protocolo, solemnidad, “investidura” y pompa y faltó inspiración, pedagogía, llaneza, sinceridad y repito: coraje.
 
Sigo sintiendo que haber colocado a Celso Gamboa como responsable de la Seguridad del país fue un error enorme que pivoteó otro montón y haber elegido muy mal al grupo de asesores inmediatos blindó la relación del Presidente con la ciudadanía, colocó muros infranqueables con la gente de su Partido y cercana y evitó rectificaciones a tiempo con desastrosos resultados para el proceso. Melvin Jiménez, Mariano Figueres, Víctor Hugo Morales Zapata y en su momento Iván Barrantes vistieron de colores fríos el inicio de la gestión y son responsables de muchos de los dolores y omisiones que marcaron el empedrado camino que hubo que transitar.  A Luis Guillermo le cabe la responsabilidad de haberlos colocado donde los colocó, de haberlos escuchado más de la cuenta, de haber delegado en ellos muchas de las decisiones importantes, de no haberles puesto límites y no haber abierto puertas y ventanas para que otro tipo de gente de altísima calidad estratégica y moral ( disponible a pocos pasos) tuviera real acceso a la toma de decisiones desde el inicio. Al grupo inmediato le faltó sensibilidad feminista e ímpetu juvenil y eso marcó al color del mandato por los siguientes años. Causó sorpresa la no inclusión de gente valiosa y ello se explica en la necesidad de “no hacer sombra” a algunas de estas figuras.   Mi mirada personal concluye que se comenzó mal porque la tónica del inicio marcó todo el resto. Cuando se quiso rectificar fue tarde. Y no fue que no se advirtió. Ojo. Si se hizo. 
 
Rescato los avances en infraestructura de todo tipo: educativa, en acueductos, en puentes y carreteras, rescato un intento sostenido de participación ciudadana y avance en materia de Derechos Humanos, un brillito acá y otro allá, pero siempre mediado por la pompa y la solemnidad y por ello incompleto.
Comercio Exterior, Economía y Hacienda de verdad que se la jugaron como vikingos y sostuvieron la estabilidad económica. No menos importantes fueron las valiosas transformaciones en el IMAS, desde el valiente despacho de Ana Helena, (que merece capítulo aparte)  y en atención a los asuntos de los pueblos indígenas, por solo citar algunas cosas que a mi personalmente me resultaban de interés.   En muchos rubros se hizo un trabajo impresionante. Aún así, reclamo la distancia tan grande entre los autodenominados jerarcas y la ciudadanía, la puerta aún muy cerrada de la Casa Presidencial y los Ministerios a la población, el exceso de formalismos y la toma de decisiones muchas veces en manos de profesionales, tecnócratas y funcionarios sin clara consciencia política del desafío real. Reclamo sinceridad para decir a tiempo “nos equivocamos”. “Esto es inadmisible”. Reclamo también una vara terriblemente dura para medir a unos y otra terriblemente blanda para medir a otros. Reclamo el proceso horrible que tuvieron que enfrentar un grupo de jóvenes líderes de las juventudes del PAC por un error de forma en un documento y el juicio durísimo que tuvieron que enfrentar. 
 
No voy a obviarlo, muchas cosas buenas se hicieron, pero también muchas se dejaron guindando. La lista de cabos sueltos a mi me para el pelo. Tanta cosa que se intentó hacer y no se logró. Demasiado paso en falso. Esa lista hay que elaborarla.
 
El Presidente ayer enumeró muchos de los logros. Aplaudo de pie por ello. No voy a ser injusta. Eso sí, creo que en el ejercicio de la sana autocrítica está la posibilidad de mejorar. Solo ahí, y que la generosidad para aplaudir los esfuerzos ajenos debe ser siempre más grande que la que se usa para enumerar los propios. A lo de ayer me le sobró de esto último. Mucho autobombo. Desde lo simbólico poco avance, y hacía falta marcar la diferencia. Más. Aún más. No fue suficiente.
 
Cada quien hace lo mejor que puede en las circunstancias que le toca asumir. No digo que sea fácil, pero sí, mis expectativas eran más altas. Hablo desde un lugar cómodo, es cierto. Nada hay más fácil que criticar lo que hacen o dejar de hacer otros. Lo difícil es hacerlo una. Pero bueno, es lo que hay y acá me tocó estar.
 
Para mi hubo gente en el gabinete que si se lució, pero otra que quedó en la zona gris de confort y autocomplaciencia que abusa de las excusas. Lástima. Ya habrá tiempo de ver las cosas a la distancia quizá con mayor claridad.
 
Insisto: no basta enumerar qué se hace, sino hace falta explicar por qué se hace, y por qué se hace de tal o cual manera, y es de grandes reconocer los logros ajenos y asumir los propios con humildad. Quizá si eso se hubiera hecho nuestra percepción de las cosas sería más felíz. Comunicación hizo esfuerzos al final, pero se quedó corto también. Le faltó corazón a lo que se hacía. Datos, cifras, montos, exceso de tecnicismos, respuestas a la defensiva, bastante vanidad y claro, de nuevo distancia, mucha distancia.
 
¿Que cómo recogerá la historia estos cuatro años? Quizá con menos dureza, quizá con más cariño. Dimos un paso importante. Rompimos en muchos sentidos una manera de hacer las cosas, una gente distinta asumió responsabilidades, dio la cara, lo intentó, se equivocó, aprendió. Pagamos el precio y valió la pena.
 
Pero (y acá van los peros incómodos)
No fue suficiente.
Siento que estamos para más.
 
El reto del nuevo gobierno es grande porque viene cargado de novedades y desafíos.
 
¿Volvería a votar por Luis Guillermo Solís?
Si.
Por eso expreso lo que siento y por supuesto me nace darle un abrazo agradecido. No la tuvo fácil. Estoy segura hizo lo mejor que pudo en sus circunstancias y en medio de un acoso impresionante. No hay en este texto nada que no le haya dicho ya  personalmente viéndolo a los ojos con el cariño de amigo que le profeso.  
 
Creo que como ciudadanía lo responsable es ser exigentes también, tener metas altas es nuestro deber, para eso contribuimos, apoyamos, nos arriesgamos y también, hacemos gala de coraje cada vez que se requiere. Hemos puesto el cuerpo para defender a nuestros líderes y esperamos de ellos una respuesta a la altura.  
A este pueblo  le sobra dignidad y tiene autoridad moral. A cumplirle, porque cuando se nos ha convocado, hemos cumplido.
En la foto ( de Luis Valín) estoy  muy ilusionada
y cargada de expectativas y sueños,
 en el Estadio Nacional, en San José;  
el pasado 8 de mayo de 2014.

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Julia Ardón