Close

En Costa Rica: “no le ganó la democracia a la teocracia”

por Catalina Murillo

“NO LE GANÓ LA DEMOCRACIA A LA TEOCRACIA…

…No veo qué celebran. Le ganó una creencia absurda a otra igual de absurda: la tal Negrita al tal Rony”.
Eso me dijo Equis, Equis ateo, costarricense, judío y votante perdedor en las últimas elecciones.

 

Algo de razón tiene Equis. Pero… (“pero”, esa palabra tan odiosa a algunos, porque inicia una dialéctica). Pero aun aceptando que haya sido así, tengo algo que alegar: prefiero a la Negrita que al Dios guerrero de los neopentecostales. Prefiero esa figura maternal, compasiva, protectora, amorosa, que ese Dios –a juzgar por sus predicadores– obsesionado con el pecado, con lo que hacemos los humanos entre el ombligo y las rodillas; un Dios que parece haberte dado un clítoris pero no un cerebro, un Dios que no le hace ascos al dinero ni al poder político. Prefiero lo que simboliza La Negrita (que no castiga, no repudia, no reprende) a ese Dios militar que puede mandar terremotos y ungir a un cantante para que salve a los empresarios costarricenses.

Y voy a ir un paso más allá: con el cristianismo –como se da cuenta una leyendo la biblia– se pasó de un Dios furioso, castigador, antropomórfico en sus rabias y caprichos, a un Dios de amor, de entrega, de no andar lanzando piedras a nadie y mucho menos mercadeando la fe, las creencias, o ambicionando oros ni tules ni curules.
La religiosidad de estos neopentecostales me recuerda los pasajes más oscuros y sangrientos de la biblia. Puede una entender por qué crucificaron al hijo de María… Y también que hoy lo volverían a crucificar. Siempre supe que eso de que las elecciones cayeran en domingo de resurrección jugaría a nuestro favor. Dirán ustedes: qué fácil decirlo ahora. Pero lo supe desde mis entrañas, porque toda la ideología neopentecostal me hiere y ofende en lo más hondo, atenta directamente contra mis valores, que en estos meses quedaron desvelados bajo una nueva luz prístina.

Así que para mí ahora es evidente que la Negrita existe, en algún lugar de nuestro imaginario y nuestro sentir colectivo. Y por primera vez en mi vida creo que nos salvó.
Ah sí, en mí, algo resucitó.

 

Catalina Murillo es escritora costarricense.

 

About the Author

Julia Ardón