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El valor de rendirse para que no sufra la gente inocente

 

Cuando se traspasa el límite de lo humanitario, para mi, honestamente no hay patriotismo, soberanía, dignidad o democracia que tenga algún valor. En nombre de todas estas palabras se ha maltratado demasiado a gente inocente a lo largo de la historia.

Si alguien quiere inmolarse, que sea de modo voluntario, pero cuando hay gobernantes o líderes que someten a su pueblo al dolor sin límite y al genocidio incluso en nombre de esas palabras, para mi son unos perversos delincuentes que deben ser detenidos.

¿Dónde está el Derecho Internacional?
¿Dónde están las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad en sus salones con alfombras y aire acondicionado mientras mueren y sufren vejaciones migrantes, poblaciones enteras, refugiados? ¿Dónde?

Y me niego a caer en el jueguito de que la culpa no es mía sino del otro. Existe el alto al fuego, y ante una masacre como la que estamos viendo hay una posibilidad: levantar los brazos y rendirse, desapegarse de lo que se ha considerado tan sagrado como para defenderlo con las armas. ¿Para qué? Para que no sufra más gente inocente. ¿No debería ser esa suficiente razón para deponer la espada?

No entiendo muy bien la complejidad de lo que ocurre en Siria. Sé que hay manipulación mediática. Sé que el Presidente de Siria no es el causante de todos los males, y sé que otras naciones financian a grupos mercenarios y terroristas para sembrar el caos y les llaman “rebeldes”, como si ahí estuviera ocurriendo una guerra civil. Sé que así de simple no es. Sé que un montón de países poderosos tienen las manos sucias y ensangrentadas ahí metidas, algunos directamente, otros a través de sus aliados en Medio Oriente, como Arabia Saudita, un país con una clase dirigente capaz de cualquier cosa. Y sé también claramente  que Siria tiene petróleo.

Ahora de nuevo nos están enseñando ese dolor, o exponiendo el dolor de tanta gente frente a las cámaras para que alguien vaya y aprese al Presidente, lo cuelguen, le corten la cabeza o tiren su cadáver al mar  porque “era el causante de todo” como lo fueron  Osama Bin Laden, Sadam Husseim, Gadaffi, y todos esos “enemigos”. Luego ocurriría lo que siempre ocurre: alguien se adueña de ese país y hace un gran negocio con sus recursos e incluso con su reconstrucción.

Los inocentes muertos a nadie le importarán, como no les importaron los inocentes muertes de Libia, ni de Irak ni de Afganistán. Al rato son “salvajes” de otro color, que “hablan raro” y que tienen “religiones y culturas atrasadas”.

Cuando hay una guerra no hay solo dos bandos. Hay un tercero, el de los más valientes: el de quienes optan por la paz.   A ese bando yo me sumo, aunque desaparezca un país, una bandera, el retrato de un líder o lo que les de la gana. Nada vale tanto como para hacer sufrir a los niños, a las niñas, a la gente sencilla e inocente. NADA.

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Julia Ardón