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El amor y el desamor, desde una colina en Guanacaste; en la mitad de la vida

por Julia Ardón

 
 
“Algunas veces las personas huyen del amor porque es tan hermoso que las aterroriza, algunas veces se van porque la conexión que sienten ilumina sus lugares oscuros, aquellos que no están listos para trabajar. Algunas veces huyen porque no están listos para la unión, tienen trabajo pendiente a nivel individual, otras veces se despegan porque el amor no es una prioridad en esos días, ellos tienen otro camino y otro propósito que caminar primero. A veces terminan porque prefieren una relación más práctica que la conciente, una que no les amenace la manera en que ellos organizan su mundo.”
Jeff Brown.
 
El desamor a estas alturas no duele. Ya se ha pasado por mucho como para comprender que la causa misma del desamor a veces no es el desamor, sino el miedo al montón de amor, incluso la falta de amor propio. La discapacidad para el amor es una condición que mucha gente padece, en silencio y no sin sufrir.
 
El desamor a estas alturas no duele. No se llora, porque a estas alturas no te sentís menos por no ser la elegida, porque entendés que el que no quieran estar con vos no tiene por qué significar que sos despreciada ni nada por el estilo. Ya no sos víctima. Entendés que podría ser tu luz encegecedora la culpable, tu propia valía, tu tamaño,tu sensibilidad, tu brillo. Y no es premio de consolación ni mucho menos consuelo de tonta, es tu certeza, la convicción de tu estatura, aquella que lastimosamente hace sentir al otro en su ignorancia que él no la tiene, que no es merecedor, o sencillamente, también podría ser, que no está listo para eso en ese momento.
 
¿Quién puede negarse al amor cuando el amor le llama con dulzura, con calidez, con regocijo verdadero? ¿Quién puede ser tan egoísta, mezquino hacia sí mismo como para negarse a deleitarse en su regazo? ¿Qué se lo impide? Parece tonto, pero claro que hay mucha gente así.
 
Vivimos como especie con mucho dolor, maltratadas, adoloridos, temerosos de nuestra propia capacidad para el gozo y el disfrute. Nos da terror el tacto cuando traspasa la piel.
 
A menudo pienso, lo comentaba ahora con una amiga, que soy una mujer invisible para los hombres. No los veo de un tiempo para acá acercarse a mi con espíritu generoso en lo que al amor respecta, quizá es que soy yo la que no da señales, no las sabe dar, o quizá las da de modo que solo yo las entiendo. No sé. Lo observo con interés “científico” y me da un poco de risa. Hay unas que sí lo saben hacer, más dispuestas, más coquetas, más invitadoras…yo ¿un poco sosa? No sé. Pero si que lo observo. El tema es que los gestos coquetos o invitadores son hermosos cuando son espontáneos y no forzados. Cuando se fuerzan te salen como pedillos patéticos, se ven mal, huelen mal y terminan mal. Porque por elementales y pedestres terminan atrayendo solamente lo elemental y pedestre. ¿Y quién a estas alturas quiere algo elemental o pedestre? No sé. Al menos yo no.
 
Yo soy como el mozote aquel de “El Lado Oscuro del Corazón”, no quiero a mi lado un hombre que no sepa volar, quiero uno ( otro) gentil y sutil, sensible, delicado, con suficiente talento para el juego, con mirada aguda para entender la trama misteriosa de la vida, con talento malabar en las manos…¿será que el mensaje más bien es clarísimo? A esta puerta no tocan los mediocres. ¿Y cuántos saben que se salen de la media? Porque baja autoestima abunda ¿ o no?
 
Divago feliz acá en Guanacaste, con la luna nueva en escorpio, esa que me ha traído varios amores prietos, andaluces, con la medida exacta de perversión y sacralidad, con el olor salobre perfecto, con la piel del tono perfecto, la dosis de locura y paz adecuadas…esa que me recuerda que si es posible el amor, y si ocurre, ocurrió y seguirá ocurriendo cuando las almas valientes lo convoquen. Conmigo saben que cuentan. De eso si que no tengo duda, y hasta que la muerte nos separe.
 
“Muchos de nosotros llevamos vergüenza, y tendemos a personalizar las pérdidas motivados por el rechazo y lo sentimientos de abandono, pero no es siempre así. Muchas veces no tiene nada que ver con nosotros. A veces el que se va simplemente no está listo para sostenerse de forma segura en la relación. Puede que ellos sepan algo de ellos mismos que nosotros no. Ellos conocen sus límites en ese momento. El amor real no es un camino fácil, estar listo lo es todo.
 
Lamentemos nuestra pérdidas sin personalizarlas, aprendamos a amarnos a nosotros mismos en ausencia de un amante.”
 
Jeff Brown

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Julia Ardón