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El acusado del crimen de Matapalo y “el perdón de Dios”

 
 
La gente que se dice creyente tiene una idea de Dios que se acomoda a sus deseos y necesidades. Entre esa gente, hay gente que acepta lo que otras personas  hayan decidido de antemano y entonces se suma a un grupo, se suma a la  propuesta y allí realiza en conjunto con otras personas los rituales que considera le conectan con su Dios. Ese en el que cree. (Es la gente religiosa)
 
Hay también  gente que sintiendo  que hay trascendencia, algo mayor, una completud o unificación mayor, considera que esos grupos son maníqueos y limitados y se convence de que ese Dios o Diosa ( porque no tiene por qué tener sexo) tiene que ser distint@.   Es la gente que es creyente, aunque no religiosa y alguna cree en un Dios separado de sí mismo y otra en uno que le incluye ( o en varios!) .   Y ojo: no es menos creyente que la primera, aunque la primera insista en decir que quien no cree en los rituales de su grupo o respeta las jerarquías que deciden cómo debe organizarse y operar ese grupo es “atea” o “no creyente”.
 
No. Ideas de Dios o Diosa hay muchas. Diversas, como culturas, o como personas que en el mundo viven su espiritualidad y practican rituales a partir de sus particulares creencias. Y ello es legítimo y hermoso.
 
De igual manera hay mucha gente buena, respetable y amorosa que no se siente llamada a sentir que existe algo más grande que la conciencia humana, y coloca todas sus convicciones espirituales en los sentimientos, emociones  y conductas de sus semejantes. Esa es la gente que se autodenomina “no creyente”, y que muchas veces es capaz de más solidaridad y amor al prójimo que muchas personas del primer grupo. Aunque tampoco es toda buena ni generosa, como tampoco mala y excluyente toda la gente del primer grupo o del segundo.
 
La fe, la espiritualidad, cómo se viva o cómo se sienta, es un acto humano maravilloso, único y personal. Corresponde al espacio más íntimo de nuestra existencia. Cuando alguno de estos grupos o los lógicos sub-grupos que de ahí se derivan, se cree con el poder de imponer a los demás sus creencias, prácticas e ideas, es cuando comienzan los problemas.
 
Cada quien tiene derecho a tener o no tener su idea de Dios o Diosa, pero no tiene ningún derecho a intentar imponerle a nadie su visión ni mucho menos sus prácticas. Por eso es tan importante alcanzar un Estado Laico y aconfesional. Igual cualquiera, como el sospechoso del femicidio y asesinato múltiple de Matapalo, tiene derecho a buscar en su corazón a su propio Dios e incluso decir que ” él me perdonó”, si eso le ayuda a vivir con esa gran culpa ( si es capaz de sentirla)  y a enfrentar lo que va a tener que enfrentar: el peso de la ley y la justicia.
 
Al final creyentes de un tipo, creyentes de otros tipos, ateos y no creyentes , todas las personas, tenemos la obligación de fundamentar la convivencia con normas, leyes y reglamentos que permitan que esa gran guía ética llamada Declaración Universal de los Derechos Humanos, al que nuestra nación como conjunto está adscrita, se cumpla. Eso es lo que más importa.
De tal manera que este muchacho, sospechoso de tan atroz femicidio y crimen contra una familia entera, por más que sienta que su Dios lo perdona ( cosa a la que tiene legítimo derecho)  tendrá que someterse a la justicia y pagar las consecuencias de sus acciones.  No hay de otra.
Como bien dice mi amiga Laura Arguedas en la tradición judeocristiana, el perdón de Dios es posible, porque es un Dios de misericordia, pero también es claro que ese perdón no inhibe ni anula las consecuencias que los actos generan…. es decir, ese perdón también incluiría los años de cárcel que la justicia determine que tiene que pasar. Una cosa no “anula” la otra. (…) Pues algunas personas entienden el “perdón” como “dejar hacer y dejar pasar” pero no, así no es!! Dichosamente….”
 
La extraordinaria foto es del Diario Extra
y corresponde al sitio donde su sucedió el femicidio
y asesinato de la familia de Matapalo que conmocionó a todo el país.

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Julia Ardón