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Dios también hace abortos

Por Alexander Loinaz, Médico costarricense

Los hace todos los días en todo el mundo, sobre todo en los primeros tres meses de embarazo, a veces de manera repetida (como en el síndrome antifosfolipídico). Solo Él sabrá las razones, su amor incondicional es tan profundo que opera de manera misteriosa; es su naturaleza dar -o quitar- a cada quien lo necesario para convertirnos más y más en seres de fe, en seres de amor. Las almas cuando se interrumpe el embarazo no terminan de encarnar, de hacerse carne en los cuerpitos en formación pero acompañan a mamá como ángeles de la guarda hasta el día que les toque venir de nuevo, en ese útero u otro, si es que deciden venir. Cuando la madre no aborta y completa su proceso sin ninguna interrupción del embarazo, ya sea natural o por elección (consciente o inconsciente), culmina dando a luz. Mejor dicho “dando luz” literalmente; un alma, una llama de la Divinidad ahora presente en un cuerpecito recién formado iluminando a su entorno. Con la primera inspiración el soplo de vida de la Divinidad encarna la materia y hasta ahora alma y cuerpo son uno. Antes de este momento un cuerpecito se forma, una vida biológica, al igual que cualquier otro puñado de células se ordena para alistarse como recipiente, que en el caso de los humanos va a albergar un soplo de Dios a imagen y semejanza, con voluntad propia, con libre albedrío, para construir después su vida, con olor a cielo o a infierno, o a cualquiera de los 7 billones de matices en el medio.

Dios o Diosa -la que nos parió a todos y a todas las cosas- puede elegir el aborto, pero la madre hecha a imagen y semejanza también puede hacerlo. La madre que fue violada y no eligió ser madre, la madre que lleva en su útero a un cuerpecito no viable con la vida y que debe esperar hasta la última semana vivir el dolor del parto para “no dar a luz”, esa madre también puede optar no sufrir 40 semanas. Las he visto en consulta externa obedecer lo que nuestra sociedad costarricense les impone a vivir.

Cuando se defiende la vida antes de nacer por encima de las vivas después de nacer se violenta entonces la vida misma, se violenta a la mujer, se sigue violentando a la mujer por hombres pertenecientes a movimientos religiosos retrógrados que opinan e imponen lo que debiera ser según su lógica machista, porque ni siquiera saben, ni sabrán que es tener un útero en la cadera y menos llevar un embarazo o ser madre. Igual opinan los curas sobre el matrimonio sin casarse nunca. Como si debatiera con Franklyn Chang sobre lo que es montarse en una nave espacial.

Es cierto que también hay mujeres que por su juventud, o inmadurez, o irresponsabilidad recurren al aborto cuando lo que debieran es asumir su nueva etapa y agradecer a cielo el regalo sagrado que llevan en su vientre, entonces eligen inconscientemente el aborto, pero aún así no soy quien para juzgarlas, de hecho no es secreto que el aborto ilegal sigue siendo una de las principales causas de la muerte de féminas en America Latina.

Dios también hace abortos y los hace todos los días, interrumpe la vida antes de nacer, como también interrumpe la vida después de nacer, recordándonos que la vida es un destello cual estrella fugaz en el inmenso cielo. Lo que Dios no debe ver bien es que el ser humano se atribuya la felicidad o no de sus congéneres, que entre las personas se siga imponiendo a la fuerza la voluntad de un pensamiento arcaico en medio siglo XXI. Bien hace la ONU en recomendarnos abrir los ojos en este tema, a pesar de algunos diputadillos de tacotilla que solo quieren poder jugando de moralistas ante temas delicados, pero jugando también con los derechos sagrados de la mujer.

La interrupción de un embarazo es una elección (consciente o inconsciente) que elimina un producto celular en formación, no será jamas lo mismo que interrumpir una vida ya nacida, eso se llama asesinato.

 

 

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Julia Ardón