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De la medicina que sana y salva:

una experiencia personal

 

Una vez llegué a una consulta médica.
El doctor se puso de pie para saludarme y de inmediato salió de detrás de su escritorio para sentarse a mi lado.

¿Puedo sentarme aquí?
Claro.

¿Me das permiso de tocarte la espalda?
Claro, doctor.

Entonces, en silencio, comenzó a hacerme cariño en la espalda con sus manos.
Unos minutos que se me hicieron eternos.
No entendía la situación.
Era nueva para mi.
Pese a lo insólito del evento decidí aceptar el cariño mientras me preguntaba ¿qué tiene esto de malo? Me siento bien. Es agradable.
Lo acepté. Me entregué a la experiencia.
El solo me acariciaba la espalda de modo paternal.

Al rato me dice: ¿cómo te sientes?
Bien.
¿te parece agradable?
Si.

Bueno.
Esto es lo primero que te voy a decir: para tu situación esta es la primera de las medicinas. Mucho cariño, mucho tacto, mucho abrazo, mucho beso y contacto físico. ¿Tenés pareja? No. Bueno. No importa. ¿tenés familia? ¿amigas? ¿amigos? ¿hijos? Sí. Bueno. Si quieres la medicina no es necesario que la pidas, solo debes tu practicarla con los demás y entonces ell@s te devolverán lo mismo. Así funciona. Vas a ver.

Para el cáncer: los abrazos.
Ahí me vas contando.

Luego volvió a sentarse del otro lado del escritorio y continuamos la consulta ( de dos horas, aprox)

Esto fue en Madrid.
(hace tres años ya. Desde entonces sigo su tratamiento, que incluye esta receta y otras cosas. Hasta hoy me siento muy bien)

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Julia Ardón