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Curriculum Vitae

He trabajado en muchas cosas: desde asistente en el Consulado de República Dominicana, redactora del periódico El Trabajador a los 16 años, vendedora en Librería La Madrileña, hasta copy writer primero y creativa después en una agencia de publicidad, para trabajar luego en producción de comerciales de televisión, haciendo de todo en ese oficio: estilista de alimentos, repartidora de café y galletas, asistente de dirección, directora de producción, vestuarista, directora de casting, guionista, redactora, directora y asistente de arte, estilista…al final me tocó ser gerente de una empresa de alquiler de equipos para cine, sin quererlo y porque la vida me empujó con la muerte de quien de eso se encargaba, acompañante y cuidadora de personas moribundas, impulsora de un medio de información digital y un periódico feminista, administradora de un restaurante, activista, organizadora de marchas y eventos, cocinera, fotógrafa de embarazadas, de no embarazadas, de mujeres bellas, de artistas, de modelos, de música, de obras de teatro, de cantantes, de familias… diseñadora de logos y menús, descubridora de talentos artísticos, promotora de artistas y poetas desconocidos, miembro del equipo de comunicación que levantó la campaña del No al TLC y el sueño de una coalición progresista que se llamó Viva, redactora de nuevo, muchas veces redactora, de críticas de cine, de manifiestos políticos, de menús de comida típica, auspiciadora de charlas, debates, tertulias y ceremonias mayas, de todo, pionera del uso de internet para comunicar ideas, maestra de fotografía, entrevistadora…ya ni sé…tanto he hecho.

Cuando Carlos Luis estaba chiquitillo, talvez en el kinder, una vez me preguntó ¿mami? si me preguntan qué es usted ¿ qué digo?

Pregunta difícil de responder.
Me he dedicado a muchas cosas en la vida. Me he movido tanto.
Yo le decía que dijera que su mamá hacía muchas cosas, que lo que mejor sabía hacer era quererlo. ( y llorar, llorar por todo, en llantos tengo doctorado)

Cada vez que me han pedido un curriculum tardo mucho armándolo. No es sencillo.

Lo que siempre soñé fue ser creativa, inventar cosas, historias, dibujos, imágenes. Dibujaba mucho de chiquilla, recortaba con tijeras, me fascinaba cocinar. Mi idea del paraíso era un puño de hojas blancas y una caja de pilots.

En el colegio mi fascinación estaba en los Estudios Sociales y la Literatura. Me llegué a sacar un cero en matemáticas, pero nunca tuve malas notas en humanidades. Por allí respiraba.

Soñaba con hacer películas, aquello parecía lejano.

No sé ni cuántas películas vi en mi infancia, adolescencia y juventud. Cualquiera, todas las veía.

Tanda de 1 en el Milán, tanda de 3 en el Alajuela. A veces al Chic. De vez en cuando al Rex, cuando mi abuelo nos traía.

Películas, vi muchas.

Cualquiera.

De todo tipo.

Y cuando digo de todo tipo, es de todo tipo.

Quizá lo que menos he visto en la vida ha sido cine porno. Por ese lado nunca me dio.

Nada humano me es ajeno, todo lo humano me es propio. Allí  por donde hombres y mujeres han pasado yo encuentro fascinación. Desde la huella que dejan los sueños y las ideas, hasta las huellas de los cuerpos.

Leí también con voracidad. Todo me lo leía.

Así como hoy leo la literatura que generamos entre todos y todas a través de estas redes de babel maravillosas y canallas…yo me leía libros, libros, libros, de todo. Desde “Susy, secretos del corazón” y las novelillas de Corín Tellado que venían en las “Vanidades” de mi abuela, hasta libros de historia, diccionarios, diccionarios científicos, literatura, poesía, mucha poesía. Mucho, mucho he leído en la vida. Mucha literatura de mujeres. Mi preferida de siempre. Esas voces que gritan lo que yo tantas veces he tenido que callar.

Mi género preferido es el testimonio, las biografías, especialmente las autobiografías, leer de primera mano sobre la vida de la gente me fascinó desde siempre. Autobiografías de mujeres: Domitila, la minera boliviana;  Isadora, su vida contada con aquella pasión sin ataduras; Angela Davis, Anais Nin.. Simone de Beauvoir, los artistas, las artistas, las luchadoras y luchadores sociales…esas vidas que movieron otras vidas, que convocaron huracanes….ahí estaba yo para bebérmelas, como quise beberme la vida cada vez que  tuve oportunidad.

¿ Estudios?

Pues claro.

Terminé el colegio muy chiquilla. No había cumplido los 17. Comencé Generales. Allí pasé raspando por llegadas tardías, no por falta de interés en el curso, modo Seminario: Sociedad Latinoamericana, gestación y Desarrollo. Nuestra tesina “El pensamiento latinoamericano en la prosa de Bolívar y Martí”. Todavía leo “Nuestra América” unas dos veces al año. La desmenuzo y lloro de emoción. Aquello fue en 1980.

Notas bajas en química, física, biología…me hicieron perder el punto que necesitaba para poderme matricular en la carrera que soñaba: periodismo. No lo logré. Se entraba con 80 y a mi me dio la nota 79.  Me fue bien en el examen de admisión pero las notas de cuarto y quinto, llenas de altibajos me jalaron esa posibilidad en sentido contrario. Creo que ahí comenzó lo que por muchos años llamé “dispersión” y que luego entendí, solo fue otra forma distinta de aprender. Porque a partir de ahí me hice mi propio plan de estudios personal y nunca he parado. Todo lo de comunicación y periodismo que caía en mis manos me lo devoraba. Todo.

Nunca dejé ni he dejado de aprender cosas.

He estudiado tanto en los últimos años. ¿ Cómo enfrentarse a la muerte? ¿ Por qué se producen las enfermedades? ¿ Qué hay detrás de los hallazgos de la física cuántica y los campos morfogenéticos?  Me pueblan de modo constante nuevas ideas, encuentros, saberes y sentires de todas partes. Soy consumidora asidua de las charlas de TED y de periódicos y revistas de todo el mundo.

Soy estudiosa. Claro que si.

Pero volvamos atrás.

Me matriculé en Sociología. Y no porque no tuviera requisitos, sino porque eso también me interesaba. Como me interesaron las otras carreras y materias  que también matriculé, en la UCR, en la UACA y en el CUNA: Artes,  Antropología, Literatura, Filología, Filosofía, Comunicación, Fotografía, seminarios de realización de cine y televisión, de filosofías y espiritualidades diversas, de danza, de pintura en cerámica, de cocina, de costura, de cómo hacer una huerta, un guión de telenovela, un programa de radio….De todo aprendí un poquito, todo lo sumé. Todo me nutrió.

Para Cuba me fui cuando creíamos que podíamos y debíamos hacer una Revolución en Costa Rica. Una Revolución política. Con esos sueños también me matriculé. Economía Política, Materialismo histórico y dialéctico, historia del movimiento obrero y comunista internacional, historia de América Latina…pasé con buenas notas. Leyendo El Capital me cuestionaba la realidad de mi país y no me cuadraban las cosas. Estudié marxismo para cuestionármelo. Me vine para Costa Rica con un título de educación superior que acá no tiene validez, ni sé dónde quedó ese cartón.  Me vine para matricularme de nuevo en la asignatura que ha regido mi vida desde entonces: la del amor.

Esa fue mi vocación verdadera: la búsqueda del amor.

Lo busqué en muchos brazos y muchas bocas. Iba encontrando pedacitos y los iba sumando hasta que la vida me regaló la dicha de detenerme en ese colchón delicioso a descansar. Lo tuve, lo viví  y lo disfruté. De ese curso intensivo y largo me gradué y mi tesis fue mi hijo Carlos Luis.  Porque siempre digo que lo mejor que me ha salido en la vida ha sido mi labor de madre. Y no fui una madre tradicional tampoco ni lo soy. He sido una madre respetuosa, lo más que he podido, aunque a menudo me resbalo en las trampas del “deber ser” y de los miedos de “las doñitas normales”. Tampoco soy tan especial. Soy corriente corriente, pero empunchada en no serlo. Rebelde con causa.

En eso sigo.

La pregunta de Carlos Luis nunca tuvo respuesta. Hoy soy soñadora de mundos nuevos, y más que soñadora, constructora, peona de sueños colectivos, soldada, lo que sea…y como tal, sé que me me toca ser carne de cañón, recibir balazos, ponerme de escudo, aguantar…por dicha también en algún momento de mi vida le perdí miedo a las pistolas y no me ha temblado el pulso cuando he tenido, ante el peligro, que soltar un tiro al aire para defender a mi gente y en lo que creo. De eso no quepa duda, soy pacifista, pero si me tocan el amor lo defenderé no con uñas, sino con garras.

Una vez, también intenté ser poeta, escribí “porque esta mujer a amar vino a este mundo…” Es un verso que me acompaña desde siempre. Es mi bandera.

Mi vocación es el amor, el propio, el que viene y va desde mi familia, el que le debo a mi hijo respetándole como adulto que ya es, el de todos los hombres que ha amado con toda mi alma, en especial uno que todo el mundo sabe quién fue porque se llamó Víctor y me acompaña todos los días, y los grandes amores colectivos que no se acaban, como no se acaba mi energía para seguir contribuyendo desde donde esté por un mundo distinto y mejor, donde se te mida por la capacidad de tu corazón y de tu cuerpo para ponerlo donde haya que ponerlo.

Nada más.

Julia Ardón

25 de marzo de 2015

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