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¿A qué viene usted a Alemania?

El susto y la maleta beige

 

“A estudiar alemán”, contestó Carlos Luis con seguridad y tranquilidad. “¿A cuál escuela?” Carlos le dice el nombre de la escuela “Speak Easy”. ¿Tiene el documento que lo certifique? No. ¿Entonces cómo va para esa escuela? Es que un amigo que vino antes que yo me matriculó.

Yo tras de él en la línea amarilla con mi pasaporte en mano y el pase de abordaje para la conexión Frankfurt-Berlín, que era la última después de un vuelo de 9 horas desde Santo Domingo.

¿Carlos, pasa algo?
No, nada, ma.

El oficial de la policía de migración llama a otro policía, un joven rubio rubio que nos pide lo acompañemos ¿Usted es la mamá de él? Si.
OK. Vengan conmigo.

Nos vamos detrás de él y llegamos a un mostrador. Había más gente siendo atendida. Era la oficina de la policía en el aeropuerto de Frankfurt.
Las mismas preguntas de nuevo. Carlos Luis contestando en inglés. Los policías sabían inglés pero no tanto.

Viene un oficial de más edad, más corpulento y alto. Nos pide entremos. “Adentro hay más espacio”
Allí de nuevo las preguntas.

Por favor me puede dar los datos de su amigo. ¿Dónde se va hospedar? ¿El nombre de la escuela? Lo tengo todo en internet ¿puedo conectarme? Si, claro que sí, y Carlos Luis buscando en el teléfono los e-mails donde Juan José le explicaba la escuela, la matrícula y todo eso e intentando hacer llamadas pero nadie le contestaba.
Y no se conectaba bien internet, no había buena señal.

A todo esto pasaba el tiempo y faltaba media hora para abordar el avión hacia Berlín.

Nosotros sin pasaportes, nos los quitaron a los dos.

Y en eso dice Carlos Luis “mi chunche rojo, mi chunche rojo” y no tenía su chunce rojo ni en su bolso ni en el mostrador, ni en mi bolso, ni en mi maletita con ruedas. No estaba.
En “el chunche rojo”, un portadocumentos, él traía todo el dinero en efectivo ( 500 euros) su seguro del INS de viaje, todas las impresiones de las reservaciones….y el chunche rojo no estaba.
Yo sentí que el mundo me caía encima…y sentí unas ganas tremendas de ir al baño ya pero ya.

Mientras tanto el policía mayor nos preguntaba que por qué siendo yo la madre veníamos para lugares diferentes, que por qué no traía los documentos de la matrícula y comenzó a preguntarme a mi que por cuánto tiempo venía, que cuánto dinero traía. Todo en su mal inglés con acento alemán que yo contestaba en mi mal inglés con acento tico. Tanto Carlos Luis como yo traíamos solamente 500 euros en efectivo ( para eso traemos tarjetas, para ir retirando conforme se necesite o porque podemos pagar muchas cosas con tarjeta)

¿Charlie, por qué mejor no dijo que venía de turista y ya? No se me ocurrió. Yo dije la verdad. Ninguno de los dos nos atarantamos, pero nos corrían huracanes por las venas.

Es que con 500 euros no se puede vivir acá dos meses. No. Es claro. “listen to me, please” Le decía Carlos Luis tratando de explicarle mientras le seguía enviando mensajes a Juan José ( luego supimos que había perdido el teléfono) y a Hannes, pero eran las 5 pasadas de la mañana. ¿quién iba a contestar el teléfono a esa hora) Yo les mostré el teléfono de Nidia. ¿Quién es esa señora? Es mi amiga donde yo voy a estar cuando salga de Berlín, y este es el hotel donde estaré 7 días.

Pero señor ¿tiene usted un baño? ¿Un baño?, por favor. Me urge. Si. Venga conmigo. Y yo no aguantaba más y dejé a Carlos Luis con el interrogador pesimista joven que no entendía cómo un muchacho como él iba para Berlín con apenas 500 euros para estudiar y para dos meses.

Seguí al policía por interminables pasillos, yo desesperadamente con ganas de ir al baño. Del susto me dio diarrea, sentía que no aguantaba más, y el lugar era lejos. Hasta que llegamos y me mostró la puerta y se paró por fuera. Yo dentro intentando no hacer ningún ruido por pudor, pero imposible. Qué cosa más tremenda. Hice lo que tenía que hacer de manera copiosa y no podía salir del baño porque no sabía donde se echaba el agua, no había botón, ni sensor, ni llave ni perilla…¿cómo lo iba a dejar sucio? No podía. Entonces ya no me aguanté y se me ocurrió salir para preguntar y vi el botón de descarga fuera del baño. jajaj. Ay. Decime vos. Por dicha cuando salí el hombre se había alejado y hablaba con otros policías unos metros más allá…me acerqué y entonces en tono autoritario me dijo “siéntese ahí y espéreme”, yo fría pensando en el portadocumentos de Carlos Luis. No me senté. ¿Cómo me iba a sentar si me moría por volver con mi hijo?

Volvimos.

Carlos Luis ya tenía en sus manos el chunche rojo y ya había ido con el policía joven a un cajero a sacar más dinero. “Vamos conmigo y saca plata con su tarjeta” le había dicho el joven a Charlie. Dice Carlos que él fue y sacó 20 euros para mostrarle que la tarjeta era real, estaba vigente y tenía fondos. “No. saque 500 euros. Le dijo el chico” ¿500? Sí. 500. Carlos Luis dice que mientras marcaba la cantidad pensaba si de verdad había avisado correctamente al banco que iba a estar de viaje, porque siendo una tarjeta de débito a veces las bloquean si uno no avisa, etc, pero bueno, sí le salieron los 500 euros mientras el joven rubio observaba.

Entonces yo llegué con el oficial y el saber que eso se había logrado me tranquilizó, pero el viejo no cedía.

Mientras Carlos Luis ya ponía cara de desesperación y algo de enojo y yo a la par “Charlie, no ponga cara de enojado” “Diay, Ma.” Y veíamos el reloj y pues ya casi era la hora del abordaje por la puerta A22 que distaba como “50 kilómetros” a pie de ahí. ( ese aeropuerto es gigantesco)

Mire, señor, podemos perder el vuelo. ¿por qué no nos deja ir?
Si, ya el muchacho pudo sacar el dinero, parecía decirle el rubio joven al viejo gigante.

“OK. y entonces ya tomó actitud paternalista, condescendiente conmigo el jefe…mire, es que hay que traer todo impreso, claro…¿por qué no lo traía? Bueno, usted entenderá, cuando los hijos son grandes son independientes y yo no les estoy preguntando qué traen ni como. Yo traigo lo mío y él lo de él” El mae tratando de enseñarme como ser “buena madre”.

Bueno. Se pueden ir.
No, no podemos. Ustedes tienen nuestros pasaportes.
Ah…si. ¿dónde?

Tomen.

Y ya era la hora de abordaje. 6 pasaditas de la mañana. Y corrimos y corrimos y corrimos hasta que llegamos al puesto de revisión de bolsos.
Yo me quedé pegada por llevar un tarro de crema para el cuerpo y las manos. En San José me dejaro pasarlo. No era líquido, era crema. Pero bueno, es considerada líquido. Decime vos…

En Frankfurt de nuevo otro policía que no hablaba inglés no me entendía cuando yo le decía “bótelo”, “se lo regalo”, mientras Carlos Luis estaba pegado en el otro puesto por una lata de refresco de naranja San Pellegrino. Con la diferencia que primero estaban revisando a una mujer que traía una de esas canastas para perros llena de bolsas plásticas vacías, rarísimo…y las revisaban una por una, y a mi el hombre no me entendía que no me importaba regalarle la crema con tal de que me diera mi maleta y pasar, ya pero ya.

“Charlie, ayúdeme”, y bueno, vino Charlie y le explicó en un mejor inglés y entendió., pero a él no lo soltaban por la bendita mujer de las bolsas y la canasta.

Cuando lo liberaron, él sin refresco, y a mi sin la crema ( Crema de Karité, el tarro grande de L’ Occitanne…35 mil pesos a la basura)

Y comenzamos a correr, correr, correr, lo que se llama correr…por gradas, ascensores, bandas transportadoras, pasillos interminables….y nada que la puerta A22.

Cuando llegué…yo cansada, sin aire, sudando (y por supuesto Carlos ya me había dejado tirada) …iba delante, quería llegar de primero para decir “esperen a mi mamá, viene atrás”…no lo vi ni a él ni el avión ni a nadie. El vuelo se había ido. Entonces caminé un poco más por pura intuición. Y ahí lo encontré. Estaba en la puerta 24 hablando con una muchacha de Lufthansa. La primera cara amable, sonriente y amorosa que vimos en Alemania. Ella nos dijo que no nos preocupáramos, que nos haría espacio en el próximo vuelo que salía en 30 minutos. Y así fue.

50 minutos después estábamos aterrizando en Berlín. Mi preocupación eran las maletas porque las habíamos chequeado desde el Santamaría y venían en el otro vuelo. A esperar en la banda de las malestas…y la primera maleta que sale es una pequeña, de Hartman, beige con detalles en cuero. La misma que usaba Víctor, su maleta de viajes. Carlos y yo nos volvimos a ver, se nos hizo un nudo en la garganta.
Ese fue el mensaje que nos dijo que todo iba a salir bien.

Al rato vimos a través de la ventana la cara sonriente de Hannes que nos esperaba y salieron primero la maleta negra de Carlos Luis y luego la mía anaranjada.

Esta fue nuestra aventura llegando a Alemania el 1 de setiembre de 2015. A partir de ahí todo ha fluido lindo. Nos encontramos ayer mismo la escuela de Carlos Luis caminando sin buscar. De pura casualidad está a unas pocas cuadras de mi hotel. Fue y se presentó. Buenísima nota la gente de allí. El check in de mi hotel era a las 3 pm y aún así me dieron la habitación a la 1:30. Todo excelente.

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Julia Ardón