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Confesión

Hay cosas que, según mi código personal; NO se hacen en materia de amor y sexo.
 
Que el sentido común, la mínima decencia, el pudor;  determinan.
Hay gente que se brinca esos preceptos, se los banca –como diría la gente de Argentina-y es cuando a vos se te prenden todas las alarmas, si alguien es capaz de hacer eso…¿de qué otra cosa no será capaz?
 
 
1-Tener sexo con otra persona en la casa con la que vivís con tu pareja.
 
2-Mentirle a tu pareja acerca de lo que sentís por otra persona.
 
3-Comenzar a tener sexo con alguien y de inmediato pedirle favores y préstamos de dinero.
 
4-Negar que andás con alguien cuando te pregunten.
 
5-Si una vez te enamoraste de modo “indebido”, explicar el asunto diciendo que es que esa persona te persiguió mucho, que no pudiste decirle que no, que te dio pena negarte, peor aún: que “te dio lástima” rechazarla.
 
6-Acostarse con alguien y no mandarle siquiera un mensaje de texto al día siguiente. Desaparecer del todo.
 
7-Mandarle fotos de tus genitales o de vos desnud@ a una persona con la que apenas estás iniciando una relación, sin saber cómo lo va a recibir.
 
8-Perseguir a alguien que evidentemente no quiere andar con vos.
 
9-Ser vos quien anuncie públicamente que estás saliendo con alguien , teniendo esa persona otra pareja o sin consensuar con ella el momento.
 
Comienzo con cosas tan elementales y prosaicas a hacer una reflexión que hace días tenía ganas de compartir.
 
Como verán, yo no incluyo: “No ser infiel”, o “mantener absoluta fidelidad a tu pareja”. Sé que las infidelidades se dan, y mucho más de lo que conocemos. Hay mucho tabú al respecto. ¿Qué tan importantes y significativas sean para las personas que participan de ellas? No lo sé. Eso se mide de distintas maneras y no todo el mundo lo vive igual. En todo esto me quedo pensando mientras veo la serie “The Affair” en Netflix.
He sido protagonista de tórridos romances a veces largos y a veces cortos con personas que tenían otra pareja. De igual manera, estando en pareja he roto la promesa de fidelidad. Nunca he estado atada a leyes morales que me impidan saber que en cosas de amor todo es misterioso e impredecible.  
La fidelidad absoluta y exclusiva sé que mucha gente la práctica y lo respeto aunque para mi es algo difícil de asumir como valor fundamental en la vida. Creo que esa idea de amor romántico monogámico para siempre es algo que no es para todo el mundo, y que su ruptura o “traición” puede tener diversos matices. No se puede calificar nunca de la misma manera. Siento que es una lástima que muchas parejas se rompan por causa de un romance o “cana al aire” sin importancia, cuando pudieron seguir construyendo en conjunto porque era mucho más fuerte lo que les unía. Me pregunto mucho todas estas cosas.
 
Desde que tuve 15 años hasta que tuve 40 estuve siempre con pareja. Apenas viví pocos días de pausa entre una relación y otra.   Amé profunda y locamente a varios hombres y a algunos de ellos los conocí mientras estaban legalmente unidos a otra persona. Fueron relaciones tormentosas que me dejaron tanto recuerdos gozosos como heridas profundas.  
 
El otro día mi tía (la única que me queda) nos decía que una mujer que es infiel a su marido termina mal. Que eso es castigado severamente. Y que una mujer que anda con un hombre casado también. Que eso no se hace. Que los hombres pueden hacer lo que quieran, pero las mujeres no. La escuché en silencio. Tragué grueso y le dije: pues quién sabe qué me va a pasar a mi, porque yo anduve con varios hombres casados. Sí. Es mi realidad y mi historia y no digo que estuvo bien, solo intento ser honesta.  Pasó que me  enamoré y no me censuré el sentimiento. Lo di todo. Con el primero me quise casar, era lo que más soñaba. Nuestra casa, nuestros hij@s, envejecer juntos…todo eso lo soñé con él.   El no tuvo el coraje ni el valor de dar el paso cuando estuvo de mi enamorado. Se quedó en el medio siempre, sin comprometerse ni conmigo ni con su esposa. Dolorosísimo. Fueron varios años de incertidumbre. No se lo deseo a nadie.   Nos quedamos por siempre en el limbo. Pero ¿me arrepiento? No. Lo he amado con todo mi ser, por largos años y de distintas maneras.   El segundo, una historia que en su momento fue intensa pero que sé no significó mucho en mi vida, otro: uno que se estaba separando y que ayudé a salir de la depresión, con mi eterna vocación de “mujer ambulancia”, esa que “anda por las calles recogiendo heridos”….como bien me calificó un amigo.  Le ayude a plantarse en sus dos pies. También en su momento lo amé, hasta que fue merecedor de ello. Luego ya no.
 
Todos ellos vivían relaciones heridas de por sí, no consumadas, a medias….en cambio yo, cuando me atreví estando casada a soltar las amarras, fue con total conciencia de lo que hacía y por qué lo hacía. Mi marido, muy enfermo ya, lo supo y me apoyó. Con lágrimas en los ojos me dijo que todo lo que yo hacía para sentirme bien estaba bien y que su amor por mi era ancho y sin condiciones. Lo único que me pidió fue no conocer su identidad. Así fue. ¿Menoscabó eso mi amor profundo y absoluto por mi esposo? No. Es más: siento que lo coronó de modo especial. Quedé profundamente agradecida por su extraordinaria muestra de amor incondicional, y generosidad, porque sí, porque él era un hombre nacido en 1943 y machista, lógicamente.  (Aunque siempre de-construyéndose y moviéndose- cualidad difícil de encontrar en un hombre de su generación).  De él solo supe de una aventura con una mujer también casada, una cosilla que no llegó a más. Me enteré luego de que muriera leyendo en su computadora sus correos electrónicos. Esos mensajes se los mandé a ella para que supiera que yo me había enterado. Le puse en el subjet “esto te pertenece a vos”. No quería dejármelos para mi. Fueron suyos, como suya la experiencia. Aquello no tenía nada que ver conmigo, fue de ella y de Víctor.
 
Nada es lineal, nada está dado por seguro. Nada es lo que parece, todo es simple y a la vez complejo.¿Por qué excluir al amor de esta gran verdad?
 

La última vez que estuve con alguien con pareja fue más cosa de amistad,  todo estuvo muy claro desde el inicio y se rompió cuando se rompió “la novedad” o “el encanto”. Y estuvo bien. No le hicimos daño a nadie, creo que nos entregamos con amor lo que podíamos entregarnos. Nadie salió herido.  Todavía nos mensajeamos de vez en cuando cariños por whatsapp. 

Nunca he hecho esfuerzos para mantener en la clandestinidad ninguna relación ni ningún hombre que ha estado conmigo lo ha promovido.  Hemos evitado algunas cosas, pero no hemos mentido acerca de lo que vivimos, al menos que yo sepa. Lo que ellos hayan dicho a sus parejas ya es algo que no me incumbe ni conozco. Es territorio donde yo sé no debo poner un pie. No tengo el derecho. De igual manera en lo que respecta a mi relación con mi esposo, ninguno de ellos tiene derecho a cuestionar, calificar o inmiscuirse de ninguna manera. Lo que construimos él y yo es sagrado y territorio solamente de ambos.
 
Tengo mis “leyes”, las que cuido. Son las leyes de la lealtad, y de la expresión de la duda cuando la hay, de la pregunta cuando me salta, del reclamo cuando me nace.   Son las leyes de la más absoluta honestidad e incluyen también el  dolor y  la lágrima ante el rechazo cuando me ha tocado morder el polvo de la derrota. Si he sufrido por su amor, los enterados han estado enterados, y con creces. No soy de disimulos.
 
Así he llevado la vida.
 
Fue en diciembre pasado que estuve con alguien por última vez y a menudo  me pongo a pensar si la vida tendrá algo preparado en términos de amor, romance y sexo por delante. No sé. Desearía que sí. Me siento con muchas ganas aún de amar y ser amada, pero no quiero de ninguna manera traicionarme a mi misma permitiendo que alguien me mienta, me niegue o me esconda. En eso no tengo capacidad de transar, en todo lo demás soy manga ancha.
 
La dignidad es algo que te sostiene y cuando la perdés lo perdés todo.
 
Es mi reflexión del día.
Gracias a las personas que han llegado hasta acá.
Agradezco no ser juzgada por mis revelaciones.
 
¿Por qué las hago? Porque ya estamos en 2018 y ya va siendo hora de que rompamos algunos tabúes. ¿No les parece?
 
El amor es mucho más grande que un compromiso de fidelidad. El amor es otra cosa. Para mi eso es un detalle y las señoras mayores está bueno que contemos lo que hemos vivido para que las muchachas jóvenes no se sientan raras ni tan desorientadas como nosotras lo estuvimos porque nuestras madres no nos contaron nada de sus trifulcas, que las tuvieron: no lo duden: las tuvieron!
 

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Julia Ardón