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Sobre Cocorí

Por Manuel Monestel

Alrededor de la obra “Cocorí“, del costarricense Joaquín Gutiérrez Mangel, publicada por primera vez en Chile en 1947 se desató una  nueva polémica en Costa Rica en estos días.

Preparándose un musical de la Orquesta Sinfónica Nacional del Ministerio de Cultura y Juventud alrededor de la obra ( de lectura obligatoria en los programas de estudios del Ministerio de Educación) para ser presentada a estudiantes de corta edad en el Teatro Nacional;  dos diputadas afrocostarricenses que son parte de  la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa solicitaron a la Ministra de Cultura Elizabeth Fonseca, no avalar estos conciertos por considerar que la obra contiene connotaciones racistas. La Ministra de Cultura acogió la iniciativa.

El debate se alimentó de todo tipo de expresiones.

El artista Manuel Monestel es una de las personas que pudo expresar, a mi juicio, con mayor profundidad lo que yo misma he querido expresar y no había encontrado la manera.

Reproduzco por aquí su texto.

 

“No había querido opinar sobre el tema del libro Cocorí, pero ante tanta opinión fundada e infundada que se lee en estos medios , me permito dar la mía.
No es prudente asumir una obra artística o literaria como algo dado, consumado e incuestionable, por el contrario, las obras artísticas, incluyendo la literatura, son susceptibles de ser revisadas, releídas y revaloradas según corresponda al momento histórico y a la evolución de los niveles de conciencia humana sobre la vida y las relaciones sociales. El mundo está lleno de obras literarias, canciones, películas y otra serie de producciones infantiles, que transmiten inconsciente o conscientemente, valores, prejuicios y estereotipos que directa o indirectamente consolidan un estado de cosas y un modo de ver y administrar el mundo.
El fenómeno del racismo tiene muchas y sutiles aristas. Existe el racismo consciente, el Ku Klux Klan es un ejemplo, pero existen también muchas formas de racismo indirecto y hasta involuntario. Cuando un individuo nace y crece en una sociedad, racista, homofóbica, fascista, fundamentalista, sexista, etc. absorbe con el proceso de socialización todo una herencia que corresponde a la ideología dominante en su entorno social. Es una tarea de cada individuo hacer conciencia de esos valores heredados y decidir si los adopta o los rechaza. Creo que muchos individuos en nuestra sociedad no han hecho la tarea.
En el caso concreto de Cocorí, creo que una sociedad culturalmente madura debería ser capaz de discernir entre el significado de una obra y sus significantes.
Es decir lo que representa una obra en el imaginario de la gente y lo que es concretamente en términos de sus contenidos.
Cocorí se ha asumido como uno de los clásicos de la literatura infantil costarricense y en ese sentido se ha sacralizado, como muchas cosas en un país como el nuestro, que acostumbra aplicar mecánicamente un sentido casi religioso a todo lo que se declara sagrado en aras de lo “nacional”.
Don Joaquín Gutiérrez es un connotado escritor nacional con muchos méritos, lo conocí personalmente y conozco su obra. Algunos de sus libros los valoro más que otros porque no es buena práctica casarse a ciegas con alguien o con algo. Sigo creyendo que la actitud crítica nos hace más humanos y más sabios.
Creo que nuestros niños se enfrentan todos los días con producciones llenas de contenidos que no contribuyen a su crecimiento como seres humanos libres y solidarios, por esa razón , es un deber de los sistemas educativos mantener un ojo crítico, no para prohibir, pero sí para ayudar a esos niños a enfrentar de una manera positiva e inteligente todo lo que pase frente a ellos. Para que no se siga reproduciendo un sistema lleno de preconcepciones que solo contribuyen a separar a los seres humanos en un mundo urgentemente necesitado de unidad y solidaridad entre las gentes.
Creo que Cocorí presenta claros sesgos que muestran prejuicio por parte del autor hacia lo que es ser negro. Cuando uno opina, escribe o canta sobre los otros, sobre la otredad, debe tratar de ponerse en el lugar de aquellos, para no producir panfletos llenos de enfoques light de la realidad de esos otros.
Costa Rica sigue sumida en el sueño decimonónico de los padres de la patria que inventaron un país sin diferencias raciales, monolingüe y católico. Sin conflictos de clase, de raza o de ideologías. Un país, donde opinar en contra de lo que la mayoría cree es un pecado mortal, donde los íconos sagrados de la religión, los buenos modales, la moral o la cultura son intocables e incuestionables.
Mi querido país, necesita más criticidad para discernir con inteligencia y más madurez para entender que todo cambia y que cada cambio implica una nueva forma de entendimiento y reflexión. Que el respeto por las diferencias pasa por la revisión constante de lo que decimos, hacemos o escribimos”.

Tomado del muro de facebok del músico costarricense Manuel Monestel.

La ilustración es de Hugo Díaz, para una de las ediciones de Cocorí en Costa Rica.

 

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Julia Ardón