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Natación canina

( desahogo a dos años de gobierno PAC)

Si el gobierno desde el inicio hubiera comprendido que para hacer el cambio que demandaba la gente que votó por él no podía desligarse nunca nunca de esa gente, y más bien debía  articular como actividad prioritria  formas de contacto permanentes y creativas con esa misma gente, gran parte de  lo que se hubiera propuesto lo podría haber conseguido, porque allí donde no hubiera diputados habría presión popular, presión social y mucha participación apoyando los buenos y necesarios pasos que se planteara. En cambio, el  llamado Partido Acción Ciudadana desde que  llegó al poder ha abierto poquísimos canales de participación para la acción ciudadana, y en algunos casos los ha cortado. Ni siquiera consideró fortalecer los lazos con la militancia de su propio partido.
Las hombres que desde el inicio comenzaron a marcar la tónica y estilo de este gobierno se equivocaron en gran medida. Crearon paredes gruesas y cerraron círculos allí donde más había más bien que ampliarlos. Desarrollaron cofradías cerradas con muy baja participación de gente joven y mujeres.  Lo detectamos y lo advertimos, pero faltó capacidad para la pronta respuesta.
Se le puso demasiada atención a gente equivocada.
Nunca imaginé que íbamos a ganar para alejarnos de la gente y entrar en el juego del poder usando las mismas herramientas que se habían usado antes, las de las interminables mesas de “negociación” con gente que desea todo lo contrario, y que desea justamente que al gobierno le vaya mal para volver a recuperar el control absoluto del poder.
No hay cambio posible sin participación ciudadana, con más calle, más tenis, como había dicho Luis Guillermo al principio, más chancleta, más bota de hule. A este gobierno le advertimos desde el inicio mucho resbalón de corbata y tacones, mucha formalidad y poca creatividad,  mucho entrar en el edificio del poder de puntillas, intentando no hacer ruido para no despertar a “la bestia”. ¿Qué pasó? “la bestia” olió el miedo y se montó sobre ese miedo y nos tiene amarrados, asustados, atrincherados, refugiados en inmediateces, oraciones, leguleyadas, academicismos y miedos.
Se le sigue poniendo demasiada atención y dándole demasiado poder de decisión a gente equivocada y no comprometida con el proyecto político a largo plazo. Se ha menospreciado el activismo, la militancia, se ha menospreciado al apasionado corazón de quienes de verdad son capaces de arrollarse las mangas por este pueblo y son garantes de sus más caros intereses. Mucha gente consistente y leal  ha quedado en el camino y se ha ido sustituyendo por burócratas sin sentido del deber más allá de sus calculitos personales de pensión y próximo puesto.
 
Sigo pensando que hicimos lo mejor votando por Luis Guillermo y por el PAC. La otra opción era hacer presidente a Johnny. Pero cada día que pasa en que seguimos operando como inquilinos temporales y asustadizos del poder perdemos la valiosa oportunidad de comenzar a transformar en serio las cosas. Yo no apoyé este proyecto para que solamente administráramos por pinches cuatro años a este país.
Yo me sumé al llamado porque entendía que íbamos a trabajar a largo plazo con más coraje y determinación, porque teníamos las cosas claras: Recuperar el camino del Estado Solidario, Avanzar hacia conquistas sociales más amplias, combate absoluto a la corrupción ( y sus hijas, la ineficiencia, el burocratismo y la inoperancia), trabajo profundo para reducir la pobreza, una sociedad más libre y más progresista. Una cosa distinta. Veo pasar el tiempo y veo obras o proyectos de obras en algunos sentidos buenas pero no más allá de lo formal. Añoro construcción de contenido, más valor a lo ideológico y simbólico, cambio de conciencia, suma de voluntades, mayor visión a largo plazo. Añoro más participación de juventud y de mujeres en todas partes, añoro Estado Laico, añoro derechos iguales para todas las personas.
 
Siento que estamos muy flojos en coraje, valentía y determinación y que con esta suerte de “nadadito de perro” estamos como dando vueltillas singracia en círculo, ahí, medio sorteando al cosa, pero sin subir ningún peldaño importante.
 
Es lo que siento.
Y por eso estoy muy triste.
Pero no pierdo la esperanza (todavía).

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Julia Ardón