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El miedo obstaculiza y nos vuelve ciegos

Por Luis Guillermo Solís Rivera

Los discursos de Luis Guillermo los días 14 y 15 de setiembre, con motivo de las celebraciones por la Independencia, pasaron muy inadvertidos. La prensa no se hizo mucho eco y desde Casa Presidencial tampoco los difundieron bastantes. Ahí los esfuerzos de comunicación parece están enfocados en las obras, que si bien es cierto son importantes, no lo son todo.
 
Creo que los momentos que vivimos requieren de bastante reflexión, del esfuerzo de poderse echar un poco para atrás y ver la complejidad de los acontecimientos a la luz del orden simbólico en el que ocurren, y en este sentido, estas palabras del Presidente me parecen dignas de ser leídas, escuchadas y valoradas con respeto y atención:
 
(Este es un fragmento del discurso del 15 de setiembre ante el monumento nacional. Hace días lo andaba buscando y por dicha Jennifer Francis Barrera me lo pasó. Gracias.
 
 
“Llegado a este punto de nuestra historia, me parece importante subrayar esta mañana una condición de nuestra vida republicana que no debe ser puesta en cuestión en momentos tan cruciales como los que vivimos hoy, en donde se han generado importantes cuestionamientos, que tienen que ver con el cuestionamiento político de nuestro sistema y particularmente lo que tiene que ver con las relaciones entre lo público y lo privado y el funcionamiento del sistema financiero. No es tiempo este para entrar a analizar estos hechos, tienen que ser asumidos con responsabilidad, con tranquilidad y con mesura, por las diferentes instancias que hoy los investigan. Reitero la absoluta voluntad del Gobierno de la nación de respetar absolutamente esas investigaciones y asumir en lo que le toque las responsabilidades para asumir aquellos actos que pudiesen haber sido cometidos y que ilegales podrían serlo, pero si es importante, en ese marco recordar la importancia que para las repúblicas tiene la defensa del estado de derecho de la institucionalidad democrática y sobre eso, permítanme hacer una reflexión.
 
Los Estados democráticos y particularmente, las Repúblicas democráticas tienen como eje vertebrador esencial del Estado de derecho. Eso quiere decir que quienes somos ciudadanos y ciudadanas en ellos, tenemos una obligación esencial, inclaudicable, inexorable, inevitable, de respetar la Ley y quienes Gobernamos no solamente hemos de hacerlo, obligación de toda ciudadana y ciudadano de un régimen como el nuestro, sino también de hacerla cumplir. No somos en el Poder Ejecutivo quienes hacemos la Ley, ella es potestad de las señoras y señores diputadas y diputados en el Primer Poder de la República, no somos en el Poder Ejecutivo quienes administramos la Ley ella es administrada por los Tribunales de Justicia y las instituciones que acompañan a los tribunales de justicia, pero si es nuestra obligación hacerla valer, y en ese sentido me parece fundamental que la conciencia nacional esté clara, de que para hacer cumplir la Ley y que para respetarla, hay que basarse en hechos, no en especulaciones ni en titulares de los medios de comunicación.
 
Hay que hacerlo sobre la base fundamentada de la  investigación de las entidades que les corresponde de acuerdo a derecho y que la institucionalidad que existe en una institución democrática precisamente para garantizar que los hechos son los que son y no los que algunos quieren que sean, esas instituciones tienen que ser respetadas y asumidas como el camino correcto para tomar decisiones que impliquen la defensa de los valores y principios consagrados en la Constitución Política y es obligación del Estado respetar esas instancias, no hacerlo ni alocadamente, ni intentando manipular las decisiones de los órganos investigadores facultados para ello, ni tampoco poniendo atención a los ruidos y a las voces provenientes de otros sectores, muchas veces interesados no en respetar la Ley, sino para usarla en beneficio propio, puedan convocar atropelladamente que se tomen decisiones o llegue a conclusiones no necesariamente basadas precisamente en los órganos competentes para alcanzarlas y en ese marco, afirmo categóricamente que uno de los elementos fundamentales de nuestra independencia fue precisamente tener la capacidad como Estados de contar con instituciones capaces de encontrar y fundamentar la verdad. Y la verdad, que es la que nos hace libres, dice el buen libro, es lo que ha de resplandecer al final del camino cualquier república que se asume democrática y es esa verdad, que si, puede tener muchos matices, la que tenemos la obligación de cumplir los orgullosos herederos del 21 y las orgullosas herederas del 56.
 
Si no llegáramos a esa conclusión, compatriotas, amigas y amigos, estaríamos hablando de una libertad que no la es, sino para el ejercicio de la irresponsabilidad y si no llegáramos a esa conclusión, de que el Estado debe ser preservado frente a los intereses particulares y gremiales porque representa el bienestar del mayor número y el bienestar de la nación, habríamos hecho de la independencia, no lo que queremos que sea, sino por lo que fue luchada; un camino de libérrimos ciudadanos y ciudadanas que asumen la responsabilidad de su propio desarrollo, sino un tortuoso sendero que nos lleva siempre a la confusión y graves males le pueden traer a la República.
 
Si, la verdad, si la libertad, si la capacidad de asumir la responsabilidad de nuestras acciones de hacer valer la Ley. No la confusión, no la agitada convocatoria a acciones prematuras que puedan afectar los principios y valores que defendemos y nunca la gritería, que puede ser popular, pero puede también acarrear a la República grandes males y precisamente el ocultamiento de la verdad.
 
En ese sentido, esta es una época para recordar ese principio esencial de nuestra independencia, el de la prevalencia del Estado de derecho y hay en estos momento tres ámbitos en los cuales se está debatiendo, como debe hacerse, la circunstancia que nos agobia, el ámbito político, en la Asamblea Legislativa, la comisión de diputadas y diputados que en estos momentos procuran qué es lo que ha ocurrido en los temas de la comercialización del cemento de los créditos bancarios, en el ámbito judicial, en donde le Ministerio Público también realiza investigaciones al respecto, y en el ámbito de las instituciones financieras que están convocadas para realizarlo. El Gobierno de la República da seguimiento cuidadoso y permanente a estos tres ámbitos, se ha sometido permanentemente a aquellos en donde ese sometimiento ha sido requerido y en lo personal me honra como Presidente haber dado testimonio de respeto a la Asamblea Legislativa en esa convocatoria y en esos tres ámbitos y a partir de sus conclusiones procederemos cuando corresponda, a las acciones, que como poder Ejecutivo debamos realizar en aras de garantizar la transparencia absoluta en todos los ámbitos de nuestra obligatorio desempeño.
 
Queremos por lo tanto que en esas tres instancias, al menos, haya hondura en la investigación, no haya impunidad, que la convocatoria sea para todas las personas que han de estar ahí y que eso nos facilite entonces una toma de decisiones que sólo beneficie al Estado de derecho que hemos jurado respetar.
En 1821 Centro América avanzó lanzándose sin miedo hacia el futuro, mirando no sin preocupación, pero con ilusión también los acontecimientos que la apremiaban al interior de sí y en su entorno. Hoy, 196 años después, debemos hacer un ejercicio similar, no debemos tener miedo. El miedo paraliza, el miedo impide entender las circunstancias en las que los pueblos se desarrollan. El miedo obstaculiza y nos vuelve ciegos ante los acontecimientos que más cercanos están y les impide llegar a culminar el progreso al que tienen derecho.

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Julia Ardón